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domingo, 18 de septiembre de 2011

A 229 años de su nacimiento, Boves está en el Correo del Orinoco: preguntas frecuentes



  • Hoy se cumplen 229 años del primer jefe de la democracia venezolana. José Tomás Boves ha sido reducido a la categoría de monstruo por una historia oficial burguesa y mojigata que todavía tiene adoradores. El diario Correo del Orinoco nos envió una serie de preguntas sobre Boves y su circunstancia. El cuestionario-entrevista aparece en su edición impresa. Este que se transcribe abajo fue el intercambio completo de preguntas-respuestas.
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--¿Por qué el pueblo siguió a Boves contra los patriotas? ¿Lo siguió todo el pueblo?
R: Por tres razones. 1) las nociones de "patria", "independencia" y "república"eran, hacia 1810-1813, demasiado abstractas para el pueblo oprimido, así que el ser humano no ilustrado no tenía por qué sentir devoción alguna hacia esos conceptos.2) Los portavoces de ese novedoso estandarte que convocaba a la gente a independizarse de España eran, en su aplastante mayoría, aristócratas esclavistas, dueños de haciendas y de seres humanos. Eran, en síntesis, la encarnación del sujeto a quien los oprimidos detestaban: hombres blancos, ricos, tiranos, gente que despreciaba a las castas "inferiores" y las sometía a esclavitud y servidumbre. 3) José Tomás Boves era un pulpero condenado a cárcel por contrabandista, así que era más cercano a la masa de esclavos y cimarrones; no solo se mezclaba con los más pobres (porque era uno de ellos) en sus fiestas y padecimientos, sino que, cuando le dieron mando y poder emitió un bando insólito en el que le reclamaba a la corona de España un sueldo, además de reconocimiento y respeto, a los combatientes negros y pardos: el célebre Bando de Guayabal (noviembre de 1813). No todo el pueblo siguió a Boves, por supuesto. La Guerra de Independencia y la Guerra Social (1813-14) enfrentaron a venezolanos contra venezolanos. Pero la horda de Boves se fue tras ese caudillo por el contenido social de su discurso y su ejercicio de la democracia.


--¿Eran “realistas” las mujeres y los hombres que lucharon bajo el mando de Boves?
R: El discurso simplista de la historia oficial que nos enseñaron muestra una realidad sencilla: los buenos eran patriotas y los malos eran realistas. Precisamente Boves rompió esa visión plana y equivocada del país y puso en la mesa el otro discurso: la guerra no es entre españoles y venezolanos sino entre pobres y ricos. Entre propietarios y esclavos. Quienes lo siguieron no sabían qué demonios era la república y tampoco tenía que cautivarles ni inspirarles respeto alguno la figura de un rey y una corona. La horda de Boves tenía un solo "ideal": vengarse de sus opresores de 300 años, arrebatarles las riquezas, violar y saquear. En la búsqueda de esa venganza espantosa cayeron blancos españoles y criollos por igual.

--¿Qué influyó para que el pueblo guerrero luchara al lado de los "patriotas"?
R: A la muerte de Boves (5 de diciembre de 1814) aquella masa de hombres se desmovilizó. Es otra demostración de que el afecto y los ímpetus del ser humano expoliado estaban con el caudillo y su forma rudimentaria de impartir justicia, y no a favor de una España que no significaba nada en su lenguaje. Cuando muere Boves quedan al mando de las tropas realistas Cagigal, Morales y Morillo. Pero ninguno de esos hombres tenía la debida conexión con los anhelos del pueblo. Poco después despuntaba en los llanos otro Taita con mando, características y arrastre popular: José Antonio Páez es la bisagra que divide el tiempo en que los pobres consumaron su venganza sangrienta y el tiempo en que se convirtieron en Ejército Patriota y fundador de naciones. El Ejército Libertador es la misma turba bovera, pero disciplinada y metida en el carril por Páez, Bolívar y otros conductores militares independentistas.

--¿Qué eran las “tropas” de Boves: un ejército, una guerrilla, una comunidad?
R: La horda bovera no era un ejército: era un pueblo que decidió entrar en guerra. Los ejércitos de la Primera y Segunda Repúblicas (incluidas las tropas comandadas personalmente por Bolívar) sufrieron terribles derrotas a manos de Boves porque éste no tenía a su cargo un ejército clásico sino una estampida en reposo que esperaba su señal para salir a destruir. Es fama que, cuando Boves se aproximaba a una población, empezaban a oírse gritos en todas partes: "¡Muéranse! ¡Llegó el hombre!", y más de un esclavo, sirviente o asaltante de caminos empezaba la degollina. En un tiempo en que no había misiles ni medios radioeléctricos ni teléfonos celulares, Boves empezaba a matar gente cuando todavía estaba a 50 kilómetros de distancia. Los sirvientes que nunca miraban a los ojos al patrón, al saber que se aproximaban el caudillo y su gente, ahora les gritaban "muéranse": era la orden que la gente humillada le tenía a su engreído propietario.

--¿Qué explica la manera tan cruel que tenían de hacer la guerra?
R: Quienes le profesan odio a Boves (y amor desmesurado a Bolívar) suelen esgrimir para explicar su espanto el dato de la crueldad. Hay verdades que a ningún demagogo bolivariano le gusta reconocer o recordar, como por ejemplo que Bolívar fue quien decretó Guerra a Muerte; que el 12 de febrero de 1814, mientras se producía la Batalla de La Victoria, en La Guaira fueron asesinados 800 presos, enfermos y ancianos, por órdenes de Bolívar. Y sobre todo esta verdad: que quien violaba, degollaba y humillaba a los aristócratas esclavistas no era el monstruo Boves sino un pueblo enfurecido. Poca gente quiere recordar que Pedro Camejo (el Negro Primero) y Juan José Rondón, antes de ser héroes de la independencia, fueron lugartenientes de Boves: fueron saqueadores, violadores, asesinos en ejercicio de una rabia secular. Los bolivarianos prefieren recordar a un Negro Primero que antes de morir va dócilmente a avisarle a su jefe el Catire Páez que está herido. Así se nos ha ocultado nuestra historia como pueblo: se nos oculta la fase humana y primitiva de nuestros héroes, y se les inmortaliza como sujetos obedientes. Así que la crueldad no es patrimonio exclusivo de Boves ni de los suyos. Boves y el pueblo que se fue con él eran crueles, al igualque Bolívar y los suyos, porque toda guerra es cruel e inhumana. No podía ser de otra forma.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Simón Bolívar y José Tomás Boves

Gino González

En apariencia tan antagónicos, cómo cruzar coincidencias entre ellos sin el riesgo de ser sometido al escarnio. No seré el primero ni el último, más aun en estos tiempos de revolución, cuando ambos personajes se reivindican si abordamos la historia en su verdadera dimensión sin prejuicios que la encajonen en dogmas que de nada nos sirven como pueblo.

Bolívar inicialmente, al igual que Miranda, tiene un proyecto concreto inmediato como primer paso quizás… por ahora: la independencia de Venezuela. La máxima conquista revolucionaria es la república y hacia ese objetivo se dirigen los esfuerzos y se convoca al pueblo. No podían entenderlo las grandes mayorías empobrecidas porque su realidad era más determinante: la esclavitud, la servidumbre…

Boves, por lo que fuere: resentimiento, convicción, odio (sin odio no hay guerra, lo demás es romanticismo en la teoría, pero no en el campo de batalla) aglutina a su alrededor a la pobrecía sin esperanzas, en nombre del rey pero en contra de los amos, de los propietarios, de los “blancos”… Ese rey ni sabían quien era pero sus opresores inmediatos sí. Boves no sólo ofrecía libertad a los esclavos, sino la tierra de sus amos. Se repartían lo saqueado y muchos negros tendrían altos rangos militares que por cierto, luego de la muerte del Taita, Morillo, en su arrogancia imperial y racista, no les reconocería, lo cual sería causa para la deserción hacia las filas republicanas. Ese pueblo sería la herencia del traidor Páez y conformaría el ejercito libertador al mando de Simón Bolívar, que más tarde cruzaría Los Andes a liberar otros pueblos.

Bolívar de 1816 en adelante ya comprende la lucha de clases que se inició con Boves. Varias veces proclamaría libertad para los esclavos, la cual se llevo a cabo en el papel 24 años después de su muerte.

¿Estaba José Tomás Boves destinado al fracaso con sus tropas enardecidas, ya habían identificado sus enemigos de clase, arrebatando con las armas lo que no estarían dispuestos a negociar luego con los amos realistas?

¿Estaba Simón Bolívar destinado al fracaso cuando en nombre de la república buscó aliados donde sólo había traidores que creían en ella siempre y cuando se mantuvieran sus privilegios?

Bolívar demandaría en los años venideros la justicia que el pueblo reclamaba y le valdría el odio de la oligarquía.

La revolución, bolivariana o bovera, no la para nadie.

jueves, 16 de septiembre de 2010

El “monstruo” que fue todo un pueblo

Artículos referenciales:


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El prestigio del “primer jefe de la democracia” (como lo bautizó Juan Vicente González) funcionaba como hoy lo hacen los blackberrys y la televisión: cuando en una población corría la voz de que se acercaba Boves, esclavos y sirvientes comenzaban a festejar y los amos a aterrarse: eran los misiles del asturiano que se activaban antes de empezar las batallas. Vaya este otro análisis a 228 años del nacimiento del Taita

Cecilio Canelón

Como pretendemos ir a contracorriente, comenzaremos esta especie de biografía desde la muerte del personaje, y un poco después. El 17 de febrero de 1815, desde Mompox (Nueva Granada) Simón Bolívar decía: “La muerte de Boves es un gran mal para los españoles, porque difícilmente se encontrarán en otro las cualidades de aquel jefe”. Es quizá el único pasaje, en todos los documentos de Bolívar, en que El Libertador le reconoce algún mérito a su contrafigura, el hombre que destrozó con sus hordas el segundo intento de fundar una República. Por supuesto que se equivocaba Bolívar: quien lo había derrotado y amenazaba con liquidar a todas las castas dominantes era el pueblo desbordado, no un general con cualidades excepcionales. El prestigio del “primer jefe de la democracia” (como lo bautizó Juan Vicente González) funcionaba como hoy lo hacen los blackberrys y la televisión: cuando en una población corría la voz de que se acercaba Boves, esclavos y sirvientes comenzaban a festejar y los amos a aterrarse: eran los misiles del asturiano que se activaban antes de empezar las batallas. Boves no tenía tras de sí a un ejército sino todo un pueblo alrededor, en todas partes. Mucha gente que se activó y peleó para la causa (que no era la realista, por cierto, sino la de la redención del ser humano en esclavitud) jamás vio al jefe: bastaba invocar el nombre de aquel que invitó al pueblo pobre a arrebatarles a los ricos lo que éstos le secuestraron por años, para que entrara en acción el ejército más pavoroso. Tal cual el Sacudón (o Caracazo) de 1989, la rebelión de 1813-1814 no tenía un foco o punto de partida sino cientos de miles: en cada sótano, fogón o hacienda donde hubiera gente con las esperanzas destruidas, ahí estallaba la furia. Aquel fenómeno, junto con el de Haití años atrás, es el antecedente más claro de lo que se ha llamado Ejército de Liberación Popular en América Latina, y su acción caótica y justiciera se llama democracia. Y fue cruel, muy cruel, este primer ejercicio de democracia participativa y protagónica en Venezuela.
Apenas se olfateaba la llegada del ejército bovero, el esclavo desobedecía a su amo y se iba tras los bienes, tras la niña o mujer que lo despreciaba; el engreído patrón que echaba látigo y desprecio sintió al fin la lanza del que siempre fue obligado a postrarse. La capacidad de destrucción de un pueblo rabioso se echó a rodar inmisericorde. Las ciudades y caminos se llenaron de escenas inverosímiles de horror; así se cobró la gente pobre una venganza de 3 siglos. Pero como siempre es más fácil personalizar el odio y el miedo, los historiadores prefieren atribuirle a un solo sujeto cada degollamiento, cada violación, cada descuartizamiento. Boves no mató a cien mil personas, pero el demagogo estándar jamás dirá que fue el pueblo salido de madre. Eso no genera simpatías. No "vende". Mejor entonces echarle la culpa a un solo hombre.
Pero aquí el punto de interés es otro. Que El Libertador haya atisbado “cualidades” casi irremplazables en José Tomás Boves (muerto en la batalla de Urica, 5 de diciembre de 1814) es digno de apreciarse, sobre todo teniendo en cuenta los párrafos que le había dedicado al asturiano en cartas anteriores: “el archimonstruo, el devastador de Venezuela”… “más de ochenta mil almas han bajado a la silenciosa tumba por su orden o por los medios y aun por las manos de este caníbal, y el bello sexo ha sido deshonrado y destruido por los medios más abominables y de la manera más innatural y horrenda” … “Nada se ha escapado a la furia despiadada de este tigre” … “de todos esos campos risueños, apenas quedan vestigios, excepto escombros, esqueletos y ceniza”.
Así se expresaba Simón Bolívar, un hombre que en una sola orden y en un solo día mandó a asesinar a 800 españoles, incluidos reclusos y enfermos en La Guaira. Esto ocurrió el 14 de febrero de 1814, pero la historia patria prefiere opacar este suceso, y nada mejor que la Batalla de La Victoria, que tuvo lugar el mismo día, para lograrlo. Casi ningún venezolano recuerda hoy que el “Día de la Juventud” hubo una matanza de españoles indefensos.

¿Por qué silenciar la más grande rebelión social?

Antes del período de Guerra Social (1812-1814) hubo varios alzamientos, insurrecciones e insumisiones de esclavos que han concitado el interés de los venezolanos. Desde 1603, cuando se sublevan los negros en las rancherías de perlas en la Isla de Margarita, hasta el alzamiento de José Leonardo Chirino en Falcón (1795), pasando por las muchas cimarroneras y gestos insólitos como los del Negro Miguel, Guacamayo y Andresote, hubo docenas y quizá centenares de actos de rebeldía que pasaron a la historia con gran renombre y admiración, aunque sólo tuvieron alcance local. Quizá sea el de Chirino el más conocido y celebrado de todos los alzamientos de esclavos, y se trató de un movimiento de unas 200 personas que abarcó un territorio de no más de 700 hectáreas.
En cambio, el fenómeno telúrico, el espantoso sacudón que desató el pueblo oprimido bajo las órdenes de José Tomás Boves entre 1813 y 1814, fue el primer alzamiento popular de alcance nacional registrado en lo que hoy se conoce como Venezuela. Pero ese estallido sólo es mencionado como hecho horrendo y maligno, por razones que tienen que ver con el resguardo de los valores de la patria. Más allá de las consideraciones acerca de si Boves y su gente eran “realistas”, descuella el hecho de que la mayoría de las personas sometidas a esclavitud, servidumbre y segregación (negros, pardos y pequeños comerciantes canarios) se incorporaban a las filas de la rebelión en mareas desbordantes. Ha dicho Juan Bosch: “Cuando Boves ordenó el ataque a La Victoria, en el mes de febrero, disponía de 7.000 hombres; cuando huyó hacia los Llanos la noche del 17 de abril, le quedaban sólo 400. Y sin embargo al comenzar el mes de junio reapareció en los Llanos a cabeza de miles de seguidores, tan fieros como los que mandaba dos meses antes.
El pueblo engrosaba las filas de Boves sin cesar, como aumenta la lluvia el agua de los ríos”.
Sobre Boves pesa un dictamen simplista: peleaba por la corona para reimplantar o sostener el sistema colonial. Los hechos hablan de una realidad más compleja: los esclavos y oprimidos le seguían porque a su lado iban a combatir a una casta que se ganó su desprecio: los blancos criollos, los mantuanos. ¿Era realista también el pueblo pobre? ¿Adoraba al Rey y a la Corona? El pueblo pobre tenía entonces una vaga noción de lo que eran o significaban ese personaje y esa institución. No puede reclamársele al pueblo oprimido el "pecado antipatriota" de haber invocado a la corona para sublevarse. La invocación de Boves en el papel hablaba de defensa del Rey, pero la invocación en los campos fue de una rabia ancestral. Demagogo sí que lo era, pero en su descargo queda el haber cumplido una promesa crucial: entregarle al pueblo pobre, o mejor: permitir que el pueblo pobre tomara con sus manos, lo que los grandes propietarios blancos le arrebataron por tres siglos. Allí queda, para la historia, el célebre bando de Guayabal (noviembre 1813), primer documento de Boves a sus jefes españoles, en el cual solicita apoyo y reconocimiento a sus hombres. Se dice rápido, hasta que uno se percata de que “sus hombres” eran gente que no tenían más que medio pantalón y unas cadenas, y de pronto viene un jefe y pide para ellos rango militar y respeto a su investidura.
El Regente Heredia, realista, decía que Boves estaba exterminando la raza blanca en Venezuela. Blanco criollo, mantuano y republicano quería decir lo mismo para los hombres de Boves. Tomás Morales, quien le sucedió en el mando como comandante general del ejército de Oriente cuando Boves murió en la batalla de Urica, escribía en febrero de 1815 que había exterminado a los republicanos. ".. .no han quedado ni reliquias de esta inicua raza en toda Costa Firme", decía.
¿Vale la pena detener el análisis en la observación del presunto racismo implícito en el anhelo de exterminio de los blancos? No, porque “blanco” en 1814 significaba propietario, y el propietario era el esclavista, terrateniente, engreído, poderoso y criminal de siempre: era el opresor que primero era español nacido en Europa y ahora era español nacido en Caracas. Así, la insurgencia de la horda bovera hablaba de un contenido de clases: muerte al que lo tiene todo y poder para el que nada tenía.
El resto de los datos biográficos de José Tomás Boves puede diluirse en una narración bostezante sin problema alguno, porque lo esencial de su persona no es su persona sino el maremoto humano que fue tras de sí: nació en 1782 y murió en 1814. En términos actuales tenemos a un joven de 32 años puesto al frente de un pueblo que por unos pocos meses tuvo el poder (aunque no ejerció funciones de Gobierno). Un pueblo y no un ejército. Ese fue el “secreto” de sus terribles victorias.

jueves, 24 de junio de 2010

A 189 años de su muerte, Gloria al esclavo devenido cimarrón, saqueador, lumpen-guerrero y orgullo de su gente (nosotros), Pedro Camejo


Negro Primero, alta expresión de la rabia del pueblo oprimido

La historia oficial nos impuso la figura de un Negro Primero obediente que fue a pedirle permiso al jefe para morirse, y nos ha ocultado una parte importante de su historia: Camejo fue uno de los hombres que acompañaron a José Tomás Boves en sus más insólitas victorias.
Héroe de las batallas de La Puerta, en las cuales el pueblo enfurecido derrotó dos veces al ejército engreído y esclavista de Bolívar. A la muerte del taita en Urica, se desmoviliza y regresa al llano, junto con la enorme mayoría del contingente de pueblo que rehusó ser conducido por un imbécil como Morillo, general con hazañas guerreras pero sin empatía con el pueblo. Poco después es "captado" por otro taita bravío, José Antonio Páez; para aquella gente en rebelión daba lo mismo qué bandera defendía su jefe, porque su primitiva conciencia o falta de ella sólo lo movía a arrebatarle al poderoso lo que por 300 años se le había arrebatado a él.
De la primera batalla en que Camejo y otros de sus compañeros de hambre, vida y puñaleos, pelearon para los patriotas (hasta 1814 lucharon para Boves) cuenta José Antonio Páez que debió imponerles su autoridad y una dura disciplina, porque aquellos hombres no se limitaban a ganar batallas sino que se aplicaban al saqueo y el despedazamiento de lo existente: aquellos tipos no eran soldados entrenados sino malandros furiosos.


Así nos "trampea" la historia oficial: en este relieve del Campo de Carabobo aparecen Páez y el Negro Primero, éste atrás y el jefe adelante. Por mucho que le hayan puesto ese apodo, para la historia manipulada que nos han enseñado Camejo era un peazo e Negro Segundo

Aquellos desmanes eran la rabia del pueblo estallando tras 300 años de esclavitud. El pueblo en rebelión no es bueno para construir sino para destruir la sociedad que los oprime. Desde la óptica actual lucen bárbaros y caóticos aquellos acontecimientos. Sólo una observación minuciosa del pulso de la historia puede dar las claves correctas: el ser humano oprimido de América tenía la misión de destruir para que otros procedieran luego a construir. Lamentablemente, la tarea de construir quedó desde entonces, al igual que en la Colonia, en manos de familias poderosas y élites insufribles.
Hoy recordamos la figura de Pedro Camejo, sobre todo por lo que representa: el pueblo sometido, salido de madre en guerra mortal contra lo establecido, y luego utilizado, metido en cintura y sacrificado por los grandes propietarios, los poderosos de siempre. Eso no deberíamos olvidarlo nunca jamás, porque muchas otras veces nos pasó lo mismo como pueblo. A la mierda la historia oficial y la versión del Eduardo Blanco, que pone a decir al nuestro: "Jefecito, yo me voy a morir, ¿oyó?, vengo a despedirme, no se ponga bravo".

jueves, 3 de diciembre de 2009

El Entierro de la cachama: remembranza de la batalla de Urica y homenaje a José Tomás Boves

El sábado 5 de diciembre se cumplen 195 años (Urica, 1814) de la muerte en combate de José Tomás Boves, el Taita de todos nosotros, los que creemos que las luchas del pueblo van a salvar a Venezuela y a la humanidad. En San Diego (Carabobo), en esta fecha, se lleva a cabo un homenaje a su memoria. Por el momento es una ceremonia cerrada, con gente de Misión Boves, El Cayapo y familiares y allegados.
El evento homenajea al Taita así: enterramos a la cachama recordando el entierro del Taita, se le llora como en cualquier velorio, se le cantan coplas improvisadas (los que quieran hacerlo, junto con los cantores y grupos musicales presentes). Pero la cachama no la vamos a perder (como no perdemos nunca al taita Boves) y el entierro no es en una fosa muerta. La cachama va preparada y el hueco es un fogón hecho ahí en el suelo, la cachama va envuelta en hojas de plátano; la leña y la candela se le ponen arriba. Tres horas después la cachama es desenterrada, como desenterramos el espíritu de José Tomás en este tiempo, y nos comemos esa verga, que es una forma de integrarlo a nosotros. Celebramos el desentierro de la cachama porque simboliza el desentierro histórico de Boves, su integración a la lucha actual del pueblo oprimido.
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Urica simboliza el cómo podemos andar por la vida sin jefes. En esa batalla, Boves murió pero su gente siguió adelante y ganó la batalla. Metáfora del ser humano libertario y en libertad, José Tomás Boves merecverá este sábado nuestra recordación y nuestra construcción de un mundo sin explotadores ni explotados.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

La Puerta: monumento a dos derrotas

Ya antes nos hemos ocupado del culto desmesurado a Bolívar y sus efectos secundarios en la reconstrucción de la historia nuestra, la Historia del Pueblo de Venezuela. Este culto, o tal vez el miedo de la Historiografía oficial a la Historia verdadera, ha permitido la sobrevivencia de burlas desmesuradas como esta que se reseña abajo.
En las afueras de San Juan de Los Morros (Guárico) existe un monumento a la victoria que no fue nunca. En concreto: en ese lugar se supone que se celebraron en 1814 las dos batallas de La Puerta (febrero y junio). Ambas culminaron con victorias para las masas enardecidas al mando de José Tomás Boves (llamadas "ejército realista" por la convención burguesa) y por lo tanto en derrotas para el ejército defensor de los privilegios mantuanos (llamado "Ejército Patriota" por esa misma convención). Pues bien, el Estado Burgués levantó e inauguró allí en 1963 un monumento a los derrotados, pero la conmemoración está hecha en un tono (boato del macabro) que hace parecer que fue una victoria:



Bolívar, derrotado, ha merecido este monumento, y ni el líder ni las masas que lo derrotaron (¡dos veces en el mismo lugar!) son mencionados en lo absoluto. Dice la placa o inscripción de la izquierda:

CONSTANCIA, VIRTUD CARACTERÍSTICA DE El LIBERTADOR. EL GOBIERNO DEL ESTADO GUÁRICO CONSAGRA ESTE MONUMENTO AL PADRE DE LA PATRIA, EN EL SESQUICENTENARIO DE LA CAMPAÑA ADMIRABLE Y DE SU PROCLAMACIÓN EN CARACAS COMO EL LIBERTADOR; EXALTANDO EN ESTE LUGAR, PERSISTENTEMENTE ADVERSO A LAS ARMAS PATRIOTAS, LA VIRTUD DE LA CONSTANCIA, DE LA PERSEVERANCIA DE BOLÍVAR, RELEVANTE EN SU GRANDIOSA PERSONALIDAD, GRACIAS A LA CUAL PUDO CULMINAR EN TRIUNFO LA MISIÓN QUE SE IMPUSO DE LIBERTAR NO SOLO SU PATRIA SINO CUANTOS PUEBLOS EN AMÉRICA SUFRÍAN EL YUGO COLONIAL...

Lo único que hace referencia (indirecta, remota, maquillada, subrepticia) a la verdad de lo que allí ocurrió (¡dos veces!) es esa construcción esotérica que reza: "...en este lugar, persistentemente adverso a las armas patriotas...". Lo demás es pura excusa y puro disfrazamiento. Algo así como "Okey, aquí Boves volvió sopa a los mantuanos dos veces, ¡pero los mantuanos fueron muy persistentes y ganaron en otros lugares!". La observación más cándida que puede hacerse al respecto es: si ganaron en tantos lugares, ¿por qué un mamotreto de monumento justo en el sitio en que perdieron (¡dos veces!)?
Esto, sin ponernos suspicaces con el dato según el cual en ese hueco (un río con su valle apretados, más bien encajonados, entre una elevación y una montaña) cupieron dos ejércitos que sumaban ambos entre 7 mil y 8.500 hombres, con sus respectivas caballerías. Hay que ir allá y verificarlo con los propios ojos: usted nomás imagínese a 300 personas allí, y después hablamos.
Detalles menores en este asunto del escamoteo vil de nuestra verdadera Historia.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Boves y los poderes destructores del pueblo

Hoy, 18 de septiembre, se cumplen 227 años del nacimiento de José Tomás Boves. Reducido a la categoría de monstruo por la Historia oficial, esa que sólo exalta y glorifica a los constructores de una República burguesa y promotora de privilegios y esclavismos, su conquista fundamental fue haber motorizado en pocos meses lo que no hemos vuelto a lograr en dos siglos: hacer que el pueblo ejerza el poder y con su ejercicio (brutal entonces, despiadado, criminal, del tamaño del odio de tres siglos que la sociedad colonial incubó) llene de pavor a los multimillonarios, a los poderosos, a los propietarios. De Boves ha dicho Juan Vicente González que fue el primer jefe de la democracia venezolana. El dictamen parece exagerado y romántico, pero ciertamente el Taita fue el primer tipo parecido a nosotros que gobernó este país. Las hordas que lo seguían son un importante antecedente de los ejércitos de liberación nacional del siglo XX: más que un ejército, era un pueblo echado a los campos a destruir la vieja sociedad. La vida de este tipo apasionado, loco e bola y rebotao está llena de claves y metáforas. La más importante de ellas es que el día que perdió la vida sus hordas coronaron una victoria. Eso pasó en Urica el 5 de diciembre de 1814. Es decir: con su muerte, este jefe demostró que los pueblos no necesitan jefes para conquistar triunfos. Ese día al jefe lo mataron y sin embargo sus diablos le echaron una pela al Ejército patriota, ese equipo donde jugaban entre otros un poco de bichos llamados Ribas, Bermúdez, Zaraza. Puro cuarto bate. Esa es nuestra verdadera historia y así somos nosotros en realidad: somos una historia llena de bichos oscuros y anónimos capaces de grandes cosas. Los jefes tienen nombres grandes y nadie los olvida; a nosotros nos van a olvidar pero vamos a hacer cosas más grandes.
Aunque algunos nos sintamos bolivarianos (o pensemos que lo somos porque eso fue lo que nos enseñaron en la escuela adeca donde nos formaron), en realidad, y por origen de clase, convicciones, temperamento y sueños, todos somos boveros. La naturaleza de nuestras luchas no se parece a la de Bolívar sino más bien a la de su erncarnizado rival, José Tomás Boves. Y más que a las luchas de Boves, a las hordas que lo seguían. A ese poco de esclavos y sirvientes humillados por tres siglos. "Nosotros somos los mismos, nosotros somos aquellos", dice una canción de Gino González.
Publicamos acá, a manera de homenaje al camarada Taita José Tomás Boves, fragmentos de la obra “Bolívar y la Guerra Social”, justo el que describe el contexto en que se producen el fenómeno Boves y la insurgencia colectiva de los hombres sometidos a esclavitud y servidumbre. Su autor es Juan Bosch (1909-2001), presidente de su país (República Dominicana) en 1963 y derrocado por un golpe militar apoyado por Estados Unidos. Es uno de los intelectuales latinoamericanos más connotados del siglo XX.

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1814 fue el año en que la guerra social venezolana alcanzó su mayor profundidad de horror y destrucción, y por lo mismo es el año determinante en la vida de Simón Bolívar. Las huellas que dejó el 1814 en el ánimo del Libertador iban a producir varias repúblicas americanas. El recuerdo de la ferocidad desatada por los llaneros de Boves le empujó hasta las alturas de Potosí, en los Andes del Sur.

Simón Bolívar había recibido de la municipalidad de Caracas el título de Libertador y el de capitán general de los ejércitos republicanos en octubre de 1813, cuando acababa de cumplir treinta años; y en esos días comenzaba a destacarse en los Llanos como jefe de hombres del pueblo el asturiano José Tomás Boves, que también cumplía treinta años. Como Simón Bolívar, Boves había nacido en 1783*.

Boves era el anti-Bolívar; no porque se enfrentara a éste en la guerra, ni porque él hubiera abrazado la bandera del rey mientras Bolívar abrazaba la de la república; no porque él fuera inculto y el otro cultísimo, él español y el otro criollo, él pobre y Bolívar rico; sino porque Bolívar pensaba y actuaba en términos de sociedad, y por eso su lucha se dirigía a la creación de un Estado, y Boves sentía y actuaba en términos de masa, y esa masa se hallaba en guerra contra la sociedad de la cual había sido parte.

La masa no es la sociedad; no lo es en ningún momento histórico. La masa está contenida en la sociedad, lo que quiere decir que es parte de ella; y nunca la parte es el todo. Puede suceder que la parte insurja y someta el todo a su dominio, pero en situaciones normales la parte no se rebela ante el todo. Si la parte —esto es, la masa— se rebeló en Venezuela contra el todo —es decir, la sociedad— se debió a que los tiempos no eran normales; y cuando lo fueron, antes de la rebelión de la masa, los que se beneficiaban eran una minoría que sostenía a hierro y sangre una organización social intolerable, que no permitía el menor cambio.

(…)

Entregado a su idea de un Estado nacional, creado en lucha contra España, Bolívar no veía a la masa venezolana. Para él, sólo había un enemigo al que combatir, y era Monteverde, representación oficial de España; y cuando Monteverde fue depuesto, el enemigo a derrotar era Cajigal, designado sucesor del capitán de fragata canario. Las partidas que andaban por los Llanos eran, a su juicio, bandoleros que se desbandarían con una operación de limpieza tan pronto quedara aniquilada la fuerza militar realista. Eso explica que Bolívar atendiera más al sitio de Puerto Cabello y a la concentración realista que destruyó en Araure, que al creciente poderío que iba tomando Boves en los Llanos de Apure. Tal vez por eso le resultó tan dura la lección que recibió cuando las masas venezolanas, comandadas por Boves, destruyeron su sueño de un Estado nacional.

(…)

En el misterioso laboratorio de la historia la masa tiene un papel renovador, originado en que es la depositaría de los resentimientos individuales, de las injusticias, las frustraciones, las inquietudes y los dolores que la sociedad, organizada en Estado, provoca en los individuos. De una injusticia, de una frustración, de una inquietud insatisfecha, de un dolor a veces ni siquiera conscientemente valorado, sale una idea renovadora o un deseo de cambio —y a menudo un deseo de destrucción— que va extendiéndose por entre los que sufren, los despojados, los perseguidos, los sometidos, y llega la hora en que esa idea o ese deseo se convierte en una corriente avasalladora, que domina los movimientos de la masa.

(…)

José Tomás Boves o Tomás Rodríguez Boves —o Boves a secas— era el jefe de una masa americana en los primeros años del siglo XIX. A esa masa no podían pedírsele propósitos creadores; y así como ella, era su caudillo. Frente a Boves, Bolívar comandaba el instrumento armado de una sociedad que ya no existía. La lucha, pues, fue el encuentro de un ejército sin base social y una masa convertida en ejército. Años después, esa masa convertida en ejército se pasó a las filas republicanas, y entonces Bolívar la comandó y realizó la obra que había soñado, porque esa masa se integró en la sociedad nueva, que ya no podía ser la mantuana.

En 1813, Bolívar era un romántico que no comprendía la raíz de los sucesos en que él mismo era actor de primera categoría. Hasta el final del Año Terrible de 1814, el Libertador creía, con toda la vehemencia de su alma, en los conceptos abstractos de Nación, República, Libertad, todos escritos con mayúsculas en su corazón apasionado. En 1813, Boves, que era la encarnación de la guerra social y estaba a gran distancia de los románticos, afilaba la lanza con que iba a quedar destruido el sueño de Bolívar.

(…)

La guerra social es un fenómeno de caracteres peculiares. Recuerda a los volcanes activos en que su poder es permanente. Su fuerza no se agota mientras tiene razón de ser en los odios del pueblo, como no se agotan los volcanes mientras tengan lava en las entrañas. Cuando Boves ordenó el ataque a La Victoria, en el mes de febrero, disponía de 7.000 hombres; cuando huyó hacia los Llanos la noche del 19 de abril, le quedaban sólo 400. Y sin embargo al comenzar el mes de junio reapareció en los Llanos a cabeza de miles de seguidores, tan fieros como los que mandaba dos meses antes. El pueblo engrosaba las filas de Boves sin cesar, como aumenta la lluvia el agua de los ríos.

martes, 15 de septiembre de 2009

Del conversatorio en San Felipe (Yaracuy), 03-09-2009

Vean estos videos y escuchen a estos camaradas. Estos son los campesinos que están matando, y por esto los están matando: porque no son un poco de güevones despistaos sino revolucionarios:






lunes, 9 de marzo de 2009

Misión Boves en Calabozo

Por razones obvias, Calabozo es la ciudad simbólicamente más propicia para recibir en sus muros (y para retroalimentar con su gente) datos y símbolos referidos al discurso bovero. Fuimos allá, gentes del Colectivo focal y de la brigada muralista afecta a la causa, integrada por el Ejército de Liberación Comunicacional, para una jornada larga de pintas y murales. Allá (y a lo largo de la carretera que conecta a La Encrucijada-Villa de Cura-San Juan de Los Morros-Calabozo) dejamos huellas del arte de uno y la locura expresiva de otros.
Va una pequeña muestra de lo que perpetramos frente a la plaza Bolívar de Calabozo:




lunes, 2 de marzo de 2009

Breve debate: ¿Bolívar versus Boves?

Cada vez que los boveros tocamos el tema de la rebelión de 1814 o disertamos sobre el papel histórico de José Tomás Boves en algún espacio público, una de las reacciones inmediatas (aparte de los insultos, dictámenes tipo: Dices eso porque eres un ignorante y estupideces por el estilo) es el intento de disminuir a Boves poniéndole enfrente a la figura de Bolívar. Es entendible que así sea: 200 años de doctrina "bolivariana" pesan lo suficiente para que se acepte, sin analizar los hechos ni el discurso, que todo cuanto contrariaba a Bolívar es digno del basurero de la Historia. Como si los boveros de hoy pretendiéramos exaltar a un hombre y no a un pueblo...
Sin embargo, hay también reacciones de buena ley e invitaciones serias al debate y la discusión enrtiquecedora. Luego de la publicación del artículo Boves, maestro de Bolívar y antecesor de Zamora en la página de Aporrea.org, llegaron a mi buzón unas reflexiones firmadas por Yamil Calles. Acá abajo publico ese correo, y más abajo la respuesta que le envié al dilecto interlocutor.

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Mensaje-reflexión de Yamil Calles

Hola compatriota: Aquí cogiendo el guante del bolivarianismo después de leer tu trabajo sobre Boves, al que no podemos subordinar al Libertador, ya que hay una distancia muy grande. En efecto, Bolívar es un hombre en todo el sentido de la palabra, pero precisamente lo grande está en haberse hecho del tamaño del compromiso, que sin duda, como espíritu él mismo se trazó. Boves, en cambio, es un accidente de la dialéctica de la historia. Si bien es cierto que por esta misma razón contribuyó al proceso de emancipación, debemos convenir en que él mismo no supo el papel que en dicho contexto jugó. La prueba de esto es que su temperamento sanguinario lo llevó a cometer actos que hablan mucho de su pobreza espiritual porque si bien es cierto que una guerra es una guerra, no hay necesidad de destruir con sadismo vidas de mujeres y niños. No digo que no los asesinara según su estrategia porque en todo caso, cada quien sabe cuanto le toca pagar en la ley de la vida.
Sin embargo, hay que comprender que ambos hombres, distan mucho de parecerse en su grandeza. Hay un dato que habla sobremanera sobre el carácter de ambos hombres porque ciertamente resulta a mi entender una especie de piedra de toque que acicateará la hombría de ambos seres. En efecto, son dos hechos casi idénticos en el contenido y en los resultados. El primero se refiere a la expulsión del casi imberbe Simón de la metrópoli Española cuando por una ley de residencia fue conminado a salir de Madrid por ser blanco americano. Este hecho a mí entender movió su resorte moral del amor propio ya que como sabemos, Bolívar de corazón nunca dejó de sentirse tambien español por el hecho de luchar contra los malos hijos de España y haber creado una república teóricamente emancipada… Boves vivió un hecho similar como tu lo narras, por razón también de su amor propio, se sintió muy ofendido cuando abrazando la causa patriota fue inconscientemente traicionado por sus propios compañeros que sin duda no tenían ni idea de las consecuencias que traería dicha traición. Ahora bien, lo que nadie le niega a Boves es haber contribuido indirectamente a la causa republicana por la ascendencia que tenia sobre el elemento popular que efectivamente a partir de Úrica fue incorporado a las banderas patriotas. Su hombría y cojones están fuera de dudas, pero su sentido del honor dista mucho de parecerse al del gran caraqueño porque si bien es cierto que reivindicó a la clase desposeída, lo hizo con un sentido personalista y odioso, que mas bien frustró dichas reivindicaciones , tanto es así que precisamente 3 décadas después hubo la guerra federal.
El libertador en cambio se engrandece porque termina sus días con camisa prestada después de haber sido un aristócrata. Es exagerado decir que Bolívar era tan cruel como Boves porque él jamás se ensañó contra el enemigo. El episodio de las bóvedas de la guaira está bastante estudiado y fue después de tres días de meditación se vio en la necesidad de dar la orden de ejecución de prisioneros españoles, por razones de estado, ya que después de l decreto de guerra a muerte, él como reconoció Morillo, era la personificación del estado, o mejor dicho, de la revolución… Boves termina sus días en Urica después de una operación comando del no menos corajudo Pedro Zaraza, que con sus llaneros pata en el suelo, jamás sucumbió al llamado de Boves, porque no era como él…
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Estimado, le agradezco mucho la comunicación y el aporte. E
l interés de nuestro colectivo no es exaltar la figura individual de un hombre, y mucho menos comparar su inteligencia, "hombría" o efectividad guerrera con las de otro hombre. Nuestra Misión (y así la hemos llamado) es poner en la calle un dato cultural que las historias oficiales nos han escamoteado: que la horda que se fue tras el llamado de Boves le dio cuerpo a un movimiento de un profundo contenido social y de reivindicación de las clases oprimidas. La verdad, no nos interesa si violaron y degollaron niñas ni si se cagaron en los altares de las iglesias, no nos sentimos autorizados para ponerle etiquetas morales a las rabias del pueblo oprimido. Nos importa, sí, que toda Venezuela se detenga a revisar la relevancia histórica de una rebelión nacional de pobres y desposeídos en contra de sus expoliadores.

Saludos, y gracias otra vez por comunicarse.

viernes, 6 de febrero de 2009

El Corrío de José Tomás Boves

Letra y cantar: Gino González

Música: pajarillo (creación ancestral de la cultura venezolana)

Cuatro: José Manuel Seijas

Bandola: Ramón "Copete" Medina

Maracas: Leonardo Requena

Bajo: Antonio Meza

Luego de tanta conversa, discusión y lectura sobre el tema, el pana, camarada, hermano Gino González, le compuso un corrío al taita José Tomás Boves.
Es un pajarillo robusto, montado sobre una bandola sencilla, sin mayores florituras. Gino anduvo buscando a Braulio Boada, bandolista verdugo, pero al final lo grabó con Ramón "Copete" Medina (otro verdugo de allá de El Socorro, estado Guárico), quien le regaló un pajarillo clásico y sobrio, tal como seguramente lo tocaban en el siglo XIX. Es una piezota de 7 minutos clavaos, en Re menor. Veguera, poderosa y dramática, y además una clase de Historia del pueblo oprimido en los años 1810-1814. Uno afina el oído y entiende por qué fracasaron y por qué tenían que fracasar la Primera y Segunda Repúblicas, esas creaciones mantuanas comandadas por esclavistas y aristócratas que, como Bolívar, invocaban la "libertad" sin saber qué mierda era esa, hasta que los esclavos al mando de Boves se lo explicaron en sangrientas
lecciones.

En su sencillez, la canción aporta unas claves importantes para comprendernos como Misión: el corrío, lo mismo que el Colectivo, no ensalza al hombre-líder sino al pueblo que le sigue. En esta etapa de la humanidad que ya se nos está haciendo larga, el hombre-pueblo sigue a líderes y caudillos. Pero se acerca la hora de comenzar a romper con ese atavismo. La democracia directa, el hombre en anarquía o en libertad. El ser humano está preparándose para un mundo sin jefes ni jefatureados. Pero todavía no supera esta etapa que remite a costumbres paternales y caudillescas. El pueblo todavía sigue a figuras individuales magnéticas. Unas veces es el Gendarme Necesario de Vallenilla Lanz (el que organiza, aplasta, silencia y esclaviza); otras veces es el Taita (el que libera y promuve la libertad en su acpeción más primaria: todo se vale porque todo nos lo han negado).

Hay una estrofa del corrío que me desenredó en el cerebro el enigma de la Batalla de Urica. Boves muere pero su ejército gana. Muere el jefe pero el pueblo sigue adelante. Los boveros queremos a Boves pero ensalzamos el momento de su muerte, porque es una muerte fundacional: nos enseña que los jefes pasan pero el pueblo se reproduce, permanece y sigue. Usted puede silenciar a los jefes que quiera (Páez, Piar, Bolívar, Ribas, Boves) pero no podrá nunca silenciar al ser humano. Eso es Urica: el sujeto que por primera vez en Venezuela amalgamó en una sola rebelión a todo un pueblo. Las expresiones anteriores de rabia de los oprimidos (Andresote, el Negro Miguel, José Leonardo, etc) tienen el enorme valor de la insurrección clasista y de casta, pero fueron expresiones locales. Cuando Boves prende la chispa la pradera en llamas abarca más de la mitad de lo que hoy conocemos como Venezuela.

En Urica, el líder, el hombre que nos enseñó cuán poderosa puede ser la rabia, el Taita que nos enseñó la libertad plena (esa libertad rudimentaria, primitiva, amoral y sin límites donde todo se vale, empezando por el exterminio del enemigo) cae muerto, y el pueblo, en lugar de paralizarse, sigue adelante, gana la batalla y luego deserta masivamente del Ejército. Rufino Blanco Fombona dibuja este cuadro incompleto:

“En Urica muere Boves y muere la Patria. Y como símbolo de que ella muere allí en la carnicería subsiguiente, perece el himno nacional... Muere su autor, el músico Landaeta. Muere el pensamiento de la República en la persona del brillante y profundo Miguel José Sanz. Muere allí el virtual inteligente diputado Francisco Javier Ustáriz. Lo único que no muere y escapa en manos de Ribas y Bermúdez, es la bandera nacional”.

Algo se le quedó en el tintero a Rufino: muere el primer Ejercito Popular de Liberación venezolano. Muere el primer intento de Gobierno democrático. Muere (más bien se posterga) la posibilidad de fundar en Venezuela una República gobernada por pobres liberados (esclavos, sirvientes y pequeños comerciantes). Una República que no era de venezolanos ni de españoles sino de pobres en rebelión: al frente de la masa furiosa de africanos, canarios, indígenas y todas sus posibles mezclas, un pulpero asturiano. En Urica muere el primer (y único hasta la fecha) experimento genuinamente democrático de Venezuela.

***

Ni Morales ni Cajigal (los jefes realistas) logran congregar a los insurrectos en que nos convertimos. La pelea deberá recomenzar entonces con desventaja para el pueblo-pueblo, el oprimido, con experiencia en eso de operativizar la rabia pero ya sin dirección clasista.

Decía que el corrío me reveló algunos datos sobre el misterio de la muerte fundacional, la muerte que le abre espacio a la vida. Gino lo resume en unos versos dolorosos, terribles pero esclarecedores:

Si la muerte no asustara

no se llamaría La Muerte

tampoco la mala suerte

de una lanza enamorada

que en el campo de batalla

deja a la muerte florida:

la muerte es la propia vida...

La lanza enamorada busca al caudillo y lo inmortaliza: la muerte es un acto de amor, y el amor es fundacional. Si Boves no muere no hay República. Boves encarna la libertad pero la libertad necesita un territorio, y dibujar ese territorio es tarea de otros: Bolívar, Páez, la generación que funda países. Boves cumple su misión, que era destruir; Bolívar y los otros tienen la misión de edificar. Muerto José Tomás Boves, sus hordas (porque lo eran, a mucha honra) le siguieron los pasos a otro taita, y de fuerza telúrica y destructiva pasaron a convertirse en Ejército Libertador. El Negro Primero, el Camejo que muere en la Batalla de Carabobo, viene de la turba bovera y en ella aprendió a guerrear. Boves le enseña la utilidad de la rabia al Ejército que emancipa a América. Su muerte le deja el camino abierto a la emancipación. Boves y los suyos liberan a seres humanos; Bolívar y los suyos liberan suelos y los convierten en patrias.

Siglo XXI: queremos construir sin haber destruido lo precedente; proclamamos el socialismo pero el capitalismo está demasiado vivo. Esa es (¿o era?) nuestra misión: generacional y de clase. El Boves del siglo XXI tuvo que haber destrozado el Estado adeco antes de proceder a hablar en términos de Revolución.

A nuestro discurso no le importan las hazañas guerreras, el coraje ni la valentía de un hombre, sino el contenido social, el insólito espíritu de avanzada de la propuesta bovera: "Muerte a los Blancos", en el leguaje de 1811-1814, significa "Muerte a los propietarios esclavistas", que es lo mismo que decir "Vivan los oprimidos". Hagan lo que quieran con cualquier parecido que detecten entre eso y lo que el marico de Marx dijo 38 años después. La lucha de clases que muchos de nosotros cargamos en la boca y en la pluma la diseminó el taita Boves con la lanza hace casi 200 años. Unos piensan, otros actúan: el Bando del Guayabal (mayo 1813) se adelanta en varias décadas al Manifiesto Comunista, pero muchos prefieren llamarse marxistas porque es más chévere citar a un burgués alemán que a un lumpen-delincuente asturiano con su montón de negros rabiosos al lado. Claro que el bando es un simple panfleto escrito de cara a una guerra. Pero en él queda plasmado un anhelo de libertad de las clases oprimidas.

Escuchemos entonces al Gino. Este es nuestro himno, o nuestra declaración de principios: