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domingo, 4 de abril de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
Adobes con Cayapos y Tiuna El Fuerte
Temprano, tipo 6 am, preparando la tierra, la paja y el sancocho, y jodiendo:
Pisando barro y jodiendo:
Utilizando los moldes para los adobes, y jodiendo:
Llenando una carretilla con barro, y jodiendo:
Usando el molde, grabando, echando fotos y jodiendo:
Free Style con cuatro, mandolina, tobo, botella y maracas:
Hip Hop con cuatro y mandolina:
miércoles, 3 de marzo de 2010
Llegó El Cayapo 38 (cañón corto) promoviendo los ignorares
Enfrentarse a un Cayapo es una faena dura, más o menos traumática. No es la clase de documentos o lecturas que usted aborda y a los diez minutos ya ni se acuerda o no le importa su contenido. Si usted se toma en serio la tarea de leer un Cayapo (o intenta leerlo, o al menos doblarlo como estaba antes que usted lo desguazara) usted no dormirá tranquilo esa noche. Muchas cosas quedarán revoloteando en su mente. Es probable que no quede contento, satisfecho o agradecido, y esa es precisamente la idea: que usted se inquiete, que se quede pensando y nombrándole la madre a los editores. Leer por primera vez un Cayapo recuerda la primera rasca con anís: usted pasa un rato fino pero al final siente que algo no anda bien. Hasta que las tripas se le rebelan y usted termina maldiciendo. Pero más temprano o más tarde uno vuelve por el anís. Porque la pea y el ratón se le quedaron en el subconsciente.
Recuerdo la primera vez que tuve en las manos un ejemplar de El Cayapo, la impresión que me dejó. No pude y no puedo llamarlo “periódico” porque no cumple con el requisito de la periodicidad (no es diario ni semanal ni mensual ni bimestral ni nada) y porque su forma, su diseño, su formato, no cuadra con eso que nos acostumbraron a llamar “periódico”: un Cayapo no es el clásico librito donde uno sabe que después de la página 1 viene la 2 y después la 3, no señor. Usted mira al Cayapo, lee unas pocas líneas del “edichorrial” (un editorial cayapérico) y quiere voltear la página, y ahí empieza la pesadilla. Primero porque “voltear la página” tampoco es un trámite fácil: usted no puede hojear un cayapo, tiene que desarmarlo. Después de la página que uno supone que es la 1 no viene la 2 sino una solapa; después, un pliego grande; después otra solapa, después algo que parece un afiche y después una página que parece “normal”.
Se detiene uno en la página con aspecto normal, aliviado, y es como levantarse a una morena que uno supone que maneja los mismos códigos que uno, pero no: la bicha te empieza a hablar en sánscrito antiguo, con un discurso que no es nada normal (era la pinta nada más). Te dice, por ejemplo, una herejía como esta: “Si usted como pobre medio piensa, y trata de preguntarse qué coño hacían sus abuelos y los abuelos de ellos durante los gloriosos episodios de traspaso de un propietario español a uno criollo del país en el que pusieron a trabajar al pelabola extraoficialmente encargado de transformar la historia, de pelear en su guerra, de compartir las convicciones de los grandes cacaos tarde o temprano sin considerar que desde mucho antes de eso ya era patá, mordisco y kunfú resistiendo al exterminio blanco contra el que sus abuelas tenían que echarle un cerro para no caer, o caían; en fin, si usted cree que el cuento del bicentenario es con usted porque sí, sin anestesia, sin vaselina, sin sospechar un mínimo indispensable, cierre el periódico, apague la pistola y constate a ver si sus tatarabuelos estaban en la foto del 19 de abril de 1810, o, manquesea, en el retrato de familia que Lovera o Michelena sacaron pal 5 de julio de 1811, y si ahí ve a su negro, pardo o indígena tatarabuelo (porque la abuela ni de vaina) incorporado a ese sagrado episodio de la memoria nacional, avise donde y notifique a esta redacción qué consume y comparta”.
Así que está en la calle el número 38 de El Cayapo, una experiencia que comenzó el año 1998. La lista de gente que lo hace, lo dobla y lo distribuye es gigantesca, así que mejor ni intentar nombrarlos a todos. Así que saludos a Ramón Mendoza (el cayapo mayor) y a la iniciativa que los desvela: el Encuentro Mundial de Ignorares, que se anuncia bueno y sabroso porque es el opuesto de los Encuentros de Saberes.
jueves, 4 de febrero de 2010
Que no te impongan la ignorancia: ¡que viva el Ignorar!
Una cosa es padecer de ignorancia y otra muy distinta ejercer el Ignorar. La ignorancia la impone el poderoso que se cree dueño del "saber"; el Ignorar lo decidimos nosotros, y es una decisión rebelde y subversiva.
El Ignorar es activo y rebelde. El Poder vino a encasquetarle etiquetas (ignorante, sucio, terrorista, maloliente) y el bicho se le alzó y le dijo: "Yo te ignoro, ignoro tus categorías, me saben a mierda y no acepto lo que me quieres imponer como saber".
Una sociedad donde usted no tiene que ir a la universidad para "ser alguien en la vida", porque todo el mundo es alguien en la vida desde que nace.
Una sociedad que debemos construir colectivamente, a partir de preguntas y no a partir del "saber" burgués.
-oOo-
Uno de los peores insultos que nos tiene reservados el "saber" hegemónico es el que nos tacha de ignorantes. ¿Usted no fue a la universidad o no le dio la gana de amoldarse perrilmente a sus códigos? Entonces usted padece de una enfermedad horrible que es la ignorancia.-oOo-
La ignorancia es una invención del saber burgués, por lo tanto le pertenece a los ricos, a las hegemonías culturales, económicas y políticas. ¿Con qué la enfrentamos? El Ignorar es una buena opción.-oOo-
La ignorancia es una condición pasiva. El ignorante es un carajo a quien el Poder le encasquetó esa etiqueta en la frente: "Usted es un ignorante", le dijo, y el carajo bajó la cabeza y se quedó con esa ignorancia encima como una cruz.El Ignorar es activo y rebelde. El Poder vino a encasquetarle etiquetas (ignorante, sucio, terrorista, maloliente) y el bicho se le alzó y le dijo: "Yo te ignoro, ignoro tus categorías, me saben a mierda y no acepto lo que me quieres imponer como saber".
-oOo-
La ignorancia es individual y te lleva al aislamiento y la depresión; el Ignorar es un acto de rebeldía colectivo y le provoca ira, temor y preocupación al "saber" burgués.-oOo-
La ignorancia deja quieto lo que está quieto; el Ignorar lo cuestiona todo y está preparándose para demolerlo.-oOo-
Que alguien padezca de ignorancia le provoca lástima, risa y si acaso algo de comprensión al que se cree sabio. Quien ejerce el Ignorar es temido por el "sabio" (lo sea de verdad o no). Quien padece ignorancia se gana el desprecio del enemigo; quien ejerce el Ignorar se gana su odio y su pavor.-oOo-
La ignorancia es la condición y la actitud del compa deprimido porque no puede ser como el poderoso: el pobre que se cree o se siente fracasado porque no tendrá nunca ese título universitario o nobiliario, esa camioneta, ese apartamento, esos esclavos (él es uno de esos esclavos), ese yate, esa mujer con esas tetas o ese hombre con esa fortuna.-oOo-
El Ignorar es la condición y la actitud del compa que decidió mearse en ese apartamento y cagarse en esa camioneta, y olvidarse de fortunas y tetas plásticas; decidió reconocer que nuestra imperfección, nuestra rabia y nuestra miseria son el punto de partida para otra sociedad.Una sociedad donde usted no tiene que ir a la universidad para "ser alguien en la vida", porque todo el mundo es alguien en la vida desde que nace.
Una sociedad que debemos construir colectivamente, a partir de preguntas y no a partir del "saber" burgués.
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Lo opuesto del saber es el Ignorar. Hay camaradas organizando, todavía a estas alturas de la historia humana, "Encuentros de saberes". La Revolución exige un Encuentro de Ignorares.HACIA EL PRIMER ENCUENTRO MUNDIAL DE IGNORARES
El Cayapo-Misión Boves
El Cayapo-Misión Boves
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