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lunes, 10 de enero de 2011

Todos somos malandros (pero a algunos no nos luce la gracia)

Cecilio Canelón

La parte decente de la sociedad, es decir esa donde no estamos nosotros, entiende por malandreo el acto de comportarse, hablar y actuar como delincuente. Malandro es un delincuente, y delincuente es alguien que busca robar o perjudicar a la gente decente de la sociedad.
El habla popular le tiene otro significado a eso de malandro, y es un adjetivo que refiere exactamente lo contrario: “Te quedan malandros esos pantalones” le dice uno a la chica para informarle que le queda bien. Y hay música malandra, miradas malandras, carros malandros: de buena calidad. Pero lo que el común entiende desde siempre como malandreo es eso de someter a alguien decente, incomodarlo con palabras y actitud, reducirlo sicológicamente y después robarlo o estafarlo, ¿les suena? Bueno, eso es malandreo.
Es decir, malandreo es lo que hacen los banqueros, abogados, policías, jueces, médicos, docentes, sacerdotes, dueños de fábricas y empresas, militares, altos funcionarios públicos, políticos.
Claro que los funcionarios públicos medios y bajos también lo hacen. Igual que los obreros, campesinos, desempleados, amas de casa, estudiantes, reclusos, putas, autobuseros y locos de bola: todos somos malandros.
En esta sociedad, cuyas reglas de juego consisten en que hay una competencia con ganadores y perdedores, exitosos y fracasados, por supuesto que nadie quiere perder. A todo el mundo le gusta ganar, y para poder ganar es preciso que haya quien pierda, y a veces ese perdedor es nuestr@ herman@, nuestra gente querida. Unos suben y otros bajan. Parece una ley natural, pero deja de ser natural cuando para yo poder subir me le afinco al que está al lado y lo derroto: o me hundo yo o lo hundo a él.
Eso es lo que llaman libre competencia. Es la ley del más fuerte (por ahí lo cambiaron a Ley del más Apto, porque hay gente que si n tener mucha fuerza logra imponerse. Y este es el secreto del genuino malandro: el individuo que se impone y humilla a otros sin tener mucha fuerza pero sí mucha astucia. Hay quienes roban un camión blindado y se llevan millones en una acción de fuerza de pocos minutos; hay quienes se llevan cien veces esos millones fundando una empresa y destruyéndole la vida a docenas de esclavos perdedores durante meses, años o décadas. Un explotador que nunca irá preso como el que roba un camión blindado, porque en esta sociedad capitalista exprimir y triturar esclavos y robar con maña no es un delito.
Hay variantes del malandreo, el malandreo puesto al servicio de los altos intereses del pueblo, el que pone la violencia de las armas en la función de enfrentar el sistema capitalista. Los movimientos de liberación nacional que por su astucia califican como malandros, pero como no es hampa común ya que hay motivaciones políticas en su accionar la sociedad les reserva otra denominación: terroristas. Terroristas que hacen lo mismo que los banqueros o presidentes (amenazar a un enemigo histórico) pero del lado de allá. Los mercenarios enrolados en el ejército no son asesinos sino soldados. Los guerrilleros son terroristas. Pero todos son malandros a fin de cuentas, porque todos utilizan recursos de este sistema en descomposición para fortalecerlo o debilitarlo.
El ejercicio práctico es: ubíquese en la categoría de malandreo que más le cuadre, pero asúmalo de una buena vez. Usted es malandro y eso es lo que ha impedido su colapso total en esta sociedad.

jueves, 16 de septiembre de 2010

El “monstruo” que fue todo un pueblo

Artículos referenciales:


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El prestigio del “primer jefe de la democracia” (como lo bautizó Juan Vicente González) funcionaba como hoy lo hacen los blackberrys y la televisión: cuando en una población corría la voz de que se acercaba Boves, esclavos y sirvientes comenzaban a festejar y los amos a aterrarse: eran los misiles del asturiano que se activaban antes de empezar las batallas. Vaya este otro análisis a 228 años del nacimiento del Taita

Cecilio Canelón

Como pretendemos ir a contracorriente, comenzaremos esta especie de biografía desde la muerte del personaje, y un poco después. El 17 de febrero de 1815, desde Mompox (Nueva Granada) Simón Bolívar decía: “La muerte de Boves es un gran mal para los españoles, porque difícilmente se encontrarán en otro las cualidades de aquel jefe”. Es quizá el único pasaje, en todos los documentos de Bolívar, en que El Libertador le reconoce algún mérito a su contrafigura, el hombre que destrozó con sus hordas el segundo intento de fundar una República. Por supuesto que se equivocaba Bolívar: quien lo había derrotado y amenazaba con liquidar a todas las castas dominantes era el pueblo desbordado, no un general con cualidades excepcionales. El prestigio del “primer jefe de la democracia” (como lo bautizó Juan Vicente González) funcionaba como hoy lo hacen los blackberrys y la televisión: cuando en una población corría la voz de que se acercaba Boves, esclavos y sirvientes comenzaban a festejar y los amos a aterrarse: eran los misiles del asturiano que se activaban antes de empezar las batallas. Boves no tenía tras de sí a un ejército sino todo un pueblo alrededor, en todas partes. Mucha gente que se activó y peleó para la causa (que no era la realista, por cierto, sino la de la redención del ser humano en esclavitud) jamás vio al jefe: bastaba invocar el nombre de aquel que invitó al pueblo pobre a arrebatarles a los ricos lo que éstos le secuestraron por años, para que entrara en acción el ejército más pavoroso. Tal cual el Sacudón (o Caracazo) de 1989, la rebelión de 1813-1814 no tenía un foco o punto de partida sino cientos de miles: en cada sótano, fogón o hacienda donde hubiera gente con las esperanzas destruidas, ahí estallaba la furia. Aquel fenómeno, junto con el de Haití años atrás, es el antecedente más claro de lo que se ha llamado Ejército de Liberación Popular en América Latina, y su acción caótica y justiciera se llama democracia. Y fue cruel, muy cruel, este primer ejercicio de democracia participativa y protagónica en Venezuela.
Apenas se olfateaba la llegada del ejército bovero, el esclavo desobedecía a su amo y se iba tras los bienes, tras la niña o mujer que lo despreciaba; el engreído patrón que echaba látigo y desprecio sintió al fin la lanza del que siempre fue obligado a postrarse. La capacidad de destrucción de un pueblo rabioso se echó a rodar inmisericorde. Las ciudades y caminos se llenaron de escenas inverosímiles de horror; así se cobró la gente pobre una venganza de 3 siglos. Pero como siempre es más fácil personalizar el odio y el miedo, los historiadores prefieren atribuirle a un solo sujeto cada degollamiento, cada violación, cada descuartizamiento. Boves no mató a cien mil personas, pero el demagogo estándar jamás dirá que fue el pueblo salido de madre. Eso no genera simpatías. No "vende". Mejor entonces echarle la culpa a un solo hombre.
Pero aquí el punto de interés es otro. Que El Libertador haya atisbado “cualidades” casi irremplazables en José Tomás Boves (muerto en la batalla de Urica, 5 de diciembre de 1814) es digno de apreciarse, sobre todo teniendo en cuenta los párrafos que le había dedicado al asturiano en cartas anteriores: “el archimonstruo, el devastador de Venezuela”… “más de ochenta mil almas han bajado a la silenciosa tumba por su orden o por los medios y aun por las manos de este caníbal, y el bello sexo ha sido deshonrado y destruido por los medios más abominables y de la manera más innatural y horrenda” … “Nada se ha escapado a la furia despiadada de este tigre” … “de todos esos campos risueños, apenas quedan vestigios, excepto escombros, esqueletos y ceniza”.
Así se expresaba Simón Bolívar, un hombre que en una sola orden y en un solo día mandó a asesinar a 800 españoles, incluidos reclusos y enfermos en La Guaira. Esto ocurrió el 14 de febrero de 1814, pero la historia patria prefiere opacar este suceso, y nada mejor que la Batalla de La Victoria, que tuvo lugar el mismo día, para lograrlo. Casi ningún venezolano recuerda hoy que el “Día de la Juventud” hubo una matanza de españoles indefensos.

¿Por qué silenciar la más grande rebelión social?

Antes del período de Guerra Social (1812-1814) hubo varios alzamientos, insurrecciones e insumisiones de esclavos que han concitado el interés de los venezolanos. Desde 1603, cuando se sublevan los negros en las rancherías de perlas en la Isla de Margarita, hasta el alzamiento de José Leonardo Chirino en Falcón (1795), pasando por las muchas cimarroneras y gestos insólitos como los del Negro Miguel, Guacamayo y Andresote, hubo docenas y quizá centenares de actos de rebeldía que pasaron a la historia con gran renombre y admiración, aunque sólo tuvieron alcance local. Quizá sea el de Chirino el más conocido y celebrado de todos los alzamientos de esclavos, y se trató de un movimiento de unas 200 personas que abarcó un territorio de no más de 700 hectáreas.
En cambio, el fenómeno telúrico, el espantoso sacudón que desató el pueblo oprimido bajo las órdenes de José Tomás Boves entre 1813 y 1814, fue el primer alzamiento popular de alcance nacional registrado en lo que hoy se conoce como Venezuela. Pero ese estallido sólo es mencionado como hecho horrendo y maligno, por razones que tienen que ver con el resguardo de los valores de la patria. Más allá de las consideraciones acerca de si Boves y su gente eran “realistas”, descuella el hecho de que la mayoría de las personas sometidas a esclavitud, servidumbre y segregación (negros, pardos y pequeños comerciantes canarios) se incorporaban a las filas de la rebelión en mareas desbordantes. Ha dicho Juan Bosch: “Cuando Boves ordenó el ataque a La Victoria, en el mes de febrero, disponía de 7.000 hombres; cuando huyó hacia los Llanos la noche del 17 de abril, le quedaban sólo 400. Y sin embargo al comenzar el mes de junio reapareció en los Llanos a cabeza de miles de seguidores, tan fieros como los que mandaba dos meses antes.
El pueblo engrosaba las filas de Boves sin cesar, como aumenta la lluvia el agua de los ríos”.
Sobre Boves pesa un dictamen simplista: peleaba por la corona para reimplantar o sostener el sistema colonial. Los hechos hablan de una realidad más compleja: los esclavos y oprimidos le seguían porque a su lado iban a combatir a una casta que se ganó su desprecio: los blancos criollos, los mantuanos. ¿Era realista también el pueblo pobre? ¿Adoraba al Rey y a la Corona? El pueblo pobre tenía entonces una vaga noción de lo que eran o significaban ese personaje y esa institución. No puede reclamársele al pueblo oprimido el "pecado antipatriota" de haber invocado a la corona para sublevarse. La invocación de Boves en el papel hablaba de defensa del Rey, pero la invocación en los campos fue de una rabia ancestral. Demagogo sí que lo era, pero en su descargo queda el haber cumplido una promesa crucial: entregarle al pueblo pobre, o mejor: permitir que el pueblo pobre tomara con sus manos, lo que los grandes propietarios blancos le arrebataron por tres siglos. Allí queda, para la historia, el célebre bando de Guayabal (noviembre 1813), primer documento de Boves a sus jefes españoles, en el cual solicita apoyo y reconocimiento a sus hombres. Se dice rápido, hasta que uno se percata de que “sus hombres” eran gente que no tenían más que medio pantalón y unas cadenas, y de pronto viene un jefe y pide para ellos rango militar y respeto a su investidura.
El Regente Heredia, realista, decía que Boves estaba exterminando la raza blanca en Venezuela. Blanco criollo, mantuano y republicano quería decir lo mismo para los hombres de Boves. Tomás Morales, quien le sucedió en el mando como comandante general del ejército de Oriente cuando Boves murió en la batalla de Urica, escribía en febrero de 1815 que había exterminado a los republicanos. ".. .no han quedado ni reliquias de esta inicua raza en toda Costa Firme", decía.
¿Vale la pena detener el análisis en la observación del presunto racismo implícito en el anhelo de exterminio de los blancos? No, porque “blanco” en 1814 significaba propietario, y el propietario era el esclavista, terrateniente, engreído, poderoso y criminal de siempre: era el opresor que primero era español nacido en Europa y ahora era español nacido en Caracas. Así, la insurgencia de la horda bovera hablaba de un contenido de clases: muerte al que lo tiene todo y poder para el que nada tenía.
El resto de los datos biográficos de José Tomás Boves puede diluirse en una narración bostezante sin problema alguno, porque lo esencial de su persona no es su persona sino el maremoto humano que fue tras de sí: nació en 1782 y murió en 1814. En términos actuales tenemos a un joven de 32 años puesto al frente de un pueblo que por unos pocos meses tuvo el poder (aunque no ejerció funciones de Gobierno). Un pueblo y no un ejército. Ese fue el “secreto” de sus terribles victorias.

lunes, 23 de agosto de 2010

Borrador antifeminista-antigeneracionista

Baleryns López / baleryns@hotmail.com

La necesidad de la organización es incuestionable, si nos organizamos como mujeres, como indígenas o como jóvenes... Ahora, la cuestión es el punto de vista central de estas organizaciones, para qué nos unimos los jovenes o las mujeres, sin perder de vista lo fundamental en el socialismo, y es la igualdad entre todas y todos, sin menoscabo de uno u otro por tener diferencias de genero o generación, y esto se está perdiendo. Es más, la mayoría se encuentran en un camino que pretende, disimuladamente o no, instaurarse por encima del otro y para esto crean e inpulsan en much@s prejuicios y discriminaciones.

Claro que queremos superarnos, queremos superar al capitalismo en sus distintas manifestaciones que van desde lo subjetivo hasta lo real concreto. Pero es superar mediante el uso de argumentos verdaderos y la apropiación de una nueva conciencia de sí mismo y la sociedad, que es muy distinto a aplastar al otro, por más coño de madre que sea, a través de la instalación de prejuicios y algunas falsedades.

El prejuicio y la falsedad, la mentira y el racismo son las herramientas fundamentales de la instaurtación del odio, son las herramientas fundamentales del capitalismo y el fascismo. Éstas no pueden ser jamás herramientas a usar en los senderos del socialismo, camino al tan añorado comunismo moderno.

Entonces todas esas frases que utilizamos en “nuestro” discurso dejan mucho que desear de quienes supuestamente están más preparados que nosotr@s l@s nadie y se encuentran en la vanguardia de nuestro proceso. Decir que la revolución socialista es feminista o que la juventud es la vanguardia, son contradicciones que no podemos dejar pasar.

Discriminaciones como el Ministerio del Poder Popular para la Mujer (habría que revisar cómo participamos nosotr@s en la creación de tal ministerio) y la Igualdad de Género... Pero qué igualdad puede haber si ya instalamos de entrada a la mujer como punto fundamental y prioritario de ese ministerio, imaginense un ministerio de la mujer y la familia, acaso es la mujer el eje más transcendental del núcleo familiar, o existe algún miembro de la familia que sea el eje transcendental. De serlo debería ser, no transcendental, sino prioritario las y los hijos...

Estamos claros de que existe discriminación hacia la mujer, pero esto no podemos superalo discriminando a nuestra contra parte. Estamos claros deque existe violencia fisica sobre todo del hombre hacia la mujer, para esto existia y aun sigue existiendo el INAMUJER y más que chuta; y que existe además una violencia sicológica de la mujer hacia el hombre y los hijos que no es tomada en cuenta, entonces bueno hagamos un Ministerio del poder popular para el hombre y la igualdad de genero y un Ministerio de poder popular del niño y el adolescente. No sé si reirme o llorar la verdad sea dicha, lo que si es que me provoca y de seguro lo haré es echar una menta e'...

Por otro lado, las tendencias biologicistas de nuestro proceso son un poco espeluznantes; nada más capitalista y facho estamos claras y claros pues. ¡Qué fastidio! Me gustaría saber cuántas hojas de papel, o sea, cuántos árboles de más fueron asecinados por poner claras y claros, bellas y bellos, el ser y la sera humana y cosas de esas que sobran cuando nuestro idioma tiene palabras en donde cabemos todas y todos. ¡Coño donde cabemos todos!

Estamos claros conque, para la sociedad de consumo, los viejos son un estorbo; una mierda de la que hay que deshacerse lo más pronto posible pues ya no se los puede explotar fisicamente con el mismo rendimiento de un adolescente; son un carro viejo que baja pa' la Guaira, pero hay que subirlo empujao pues. Tanto es así, que en el clímax del neoliberalismo salvaje mismo, las grandes trasnacionales le metieron mano sin la más miníma culpa, a los seguros medicos de muchos paises dejándolos en la bancarrota, dejándolos desprotegidos; en algunos paises como en Argentina muchos viejos, ancianos o personas de edad prolongada se suicidaron en plena plaza pública como protesta por no tener ni siquiera con qué comer. Aquí tambien empezaron a preparar el terreno para hacer lo mismo, pero gracias al pueblo y al proceso bolivariano, están cada vez más protegidos.

Para las sociedades occidentales u occidentalistas las viejas y los viejos, las abuelas y los abuelos (verga pobrecitos los árboles), todos aquellos que pasen de 50 años, no valen nada; en cambio, para las sociedades orientales y sociedades aborígenes, las y los ancianos son parte fundamental del conocimiento como personas depositarias de las experiencias alcanzadas a lo largo de toda su vida. En en plano político es idéntico, sumando claro los dogmás, yo diría mañas, que uno agarra mientras anda el camino. Es por esto que me parece irrespetuoso y discriminativo decir que la vanguardia de este proceso es la juventud venezolana, despreciando toda la experiencia y el conocimiento de camaradas valiosos, y estableciendo a priori a un sector de la sociedad como lider de este proceso. En la lucha política por el liderazgo todas y todos somos iguales sin distingo de raza, género o generación, esta se libra en las comunidades, universidades, en el partido; en el ámbito donde nos encontremos inmersos y quienes decidirán quienes son las o los líderes serán las personas que integren estos espacios. La vanguardia no serán las mujeres o los jóvenes porque si, porque a algún fulano o fulana se le ocurrió; lider será aquel que mejor represente o lleve adelante los intereses y necesidades sociales del colectivo, esto para mi es la vanguardia, la gente que el pueblo impulsa para que lleve adelante un proyecto colectivo, un sueño colectivo.

¿Dónde queda entonces esa frase tan hermosa del Aquiles de los poderes creadores del pueblo? Pueblo somos todas y todos, (claro con sus diferencias de clase por supuesto pues los ricos y burgueses no entran en esta definición claro), pero ¡el pueblo son las mujeres, los hombres, las niñas y los niños, las y los adolescentes, las viejas y los viejos! ¿Hasta cuándo coño vamos a seguir reproduciendo estas aberraciones?, se nota con esto que el pueblo, nuestro pueblo no está participando, pues en su sabiduría y en su ignorancia reconoce que estos son prejuicios y mentiras y los supera con amor y constancia.

martes, 15 de septiembre de 2009

Del conversatorio en San Felipe (Yaracuy), 03-09-2009

Vean estos videos y escuchen a estos camaradas. Estos son los campesinos que están matando, y por esto los están matando: porque no son un poco de güevones despistaos sino revolucionarios:






lunes, 2 de marzo de 2009

Breve debate: ¿Bolívar versus Boves?

Cada vez que los boveros tocamos el tema de la rebelión de 1814 o disertamos sobre el papel histórico de José Tomás Boves en algún espacio público, una de las reacciones inmediatas (aparte de los insultos, dictámenes tipo: Dices eso porque eres un ignorante y estupideces por el estilo) es el intento de disminuir a Boves poniéndole enfrente a la figura de Bolívar. Es entendible que así sea: 200 años de doctrina "bolivariana" pesan lo suficiente para que se acepte, sin analizar los hechos ni el discurso, que todo cuanto contrariaba a Bolívar es digno del basurero de la Historia. Como si los boveros de hoy pretendiéramos exaltar a un hombre y no a un pueblo...
Sin embargo, hay también reacciones de buena ley e invitaciones serias al debate y la discusión enrtiquecedora. Luego de la publicación del artículo Boves, maestro de Bolívar y antecesor de Zamora en la página de Aporrea.org, llegaron a mi buzón unas reflexiones firmadas por Yamil Calles. Acá abajo publico ese correo, y más abajo la respuesta que le envié al dilecto interlocutor.

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Mensaje-reflexión de Yamil Calles

Hola compatriota: Aquí cogiendo el guante del bolivarianismo después de leer tu trabajo sobre Boves, al que no podemos subordinar al Libertador, ya que hay una distancia muy grande. En efecto, Bolívar es un hombre en todo el sentido de la palabra, pero precisamente lo grande está en haberse hecho del tamaño del compromiso, que sin duda, como espíritu él mismo se trazó. Boves, en cambio, es un accidente de la dialéctica de la historia. Si bien es cierto que por esta misma razón contribuyó al proceso de emancipación, debemos convenir en que él mismo no supo el papel que en dicho contexto jugó. La prueba de esto es que su temperamento sanguinario lo llevó a cometer actos que hablan mucho de su pobreza espiritual porque si bien es cierto que una guerra es una guerra, no hay necesidad de destruir con sadismo vidas de mujeres y niños. No digo que no los asesinara según su estrategia porque en todo caso, cada quien sabe cuanto le toca pagar en la ley de la vida.
Sin embargo, hay que comprender que ambos hombres, distan mucho de parecerse en su grandeza. Hay un dato que habla sobremanera sobre el carácter de ambos hombres porque ciertamente resulta a mi entender una especie de piedra de toque que acicateará la hombría de ambos seres. En efecto, son dos hechos casi idénticos en el contenido y en los resultados. El primero se refiere a la expulsión del casi imberbe Simón de la metrópoli Española cuando por una ley de residencia fue conminado a salir de Madrid por ser blanco americano. Este hecho a mí entender movió su resorte moral del amor propio ya que como sabemos, Bolívar de corazón nunca dejó de sentirse tambien español por el hecho de luchar contra los malos hijos de España y haber creado una república teóricamente emancipada… Boves vivió un hecho similar como tu lo narras, por razón también de su amor propio, se sintió muy ofendido cuando abrazando la causa patriota fue inconscientemente traicionado por sus propios compañeros que sin duda no tenían ni idea de las consecuencias que traería dicha traición. Ahora bien, lo que nadie le niega a Boves es haber contribuido indirectamente a la causa republicana por la ascendencia que tenia sobre el elemento popular que efectivamente a partir de Úrica fue incorporado a las banderas patriotas. Su hombría y cojones están fuera de dudas, pero su sentido del honor dista mucho de parecerse al del gran caraqueño porque si bien es cierto que reivindicó a la clase desposeída, lo hizo con un sentido personalista y odioso, que mas bien frustró dichas reivindicaciones , tanto es así que precisamente 3 décadas después hubo la guerra federal.
El libertador en cambio se engrandece porque termina sus días con camisa prestada después de haber sido un aristócrata. Es exagerado decir que Bolívar era tan cruel como Boves porque él jamás se ensañó contra el enemigo. El episodio de las bóvedas de la guaira está bastante estudiado y fue después de tres días de meditación se vio en la necesidad de dar la orden de ejecución de prisioneros españoles, por razones de estado, ya que después de l decreto de guerra a muerte, él como reconoció Morillo, era la personificación del estado, o mejor dicho, de la revolución… Boves termina sus días en Urica después de una operación comando del no menos corajudo Pedro Zaraza, que con sus llaneros pata en el suelo, jamás sucumbió al llamado de Boves, porque no era como él…
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Estimado, le agradezco mucho la comunicación y el aporte. E
l interés de nuestro colectivo no es exaltar la figura individual de un hombre, y mucho menos comparar su inteligencia, "hombría" o efectividad guerrera con las de otro hombre. Nuestra Misión (y así la hemos llamado) es poner en la calle un dato cultural que las historias oficiales nos han escamoteado: que la horda que se fue tras el llamado de Boves le dio cuerpo a un movimiento de un profundo contenido social y de reivindicación de las clases oprimidas. La verdad, no nos interesa si violaron y degollaron niñas ni si se cagaron en los altares de las iglesias, no nos sentimos autorizados para ponerle etiquetas morales a las rabias del pueblo oprimido. Nos importa, sí, que toda Venezuela se detenga a revisar la relevancia histórica de una rebelión nacional de pobres y desposeídos en contra de sus expoliadores.

Saludos, y gracias otra vez por comunicarse.