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domingo, 18 de septiembre de 2011

A 229 años de su nacimiento, Boves está en el Correo del Orinoco: preguntas frecuentes



  • Hoy se cumplen 229 años del primer jefe de la democracia venezolana. José Tomás Boves ha sido reducido a la categoría de monstruo por una historia oficial burguesa y mojigata que todavía tiene adoradores. El diario Correo del Orinoco nos envió una serie de preguntas sobre Boves y su circunstancia. El cuestionario-entrevista aparece en su edición impresa. Este que se transcribe abajo fue el intercambio completo de preguntas-respuestas.
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--¿Por qué el pueblo siguió a Boves contra los patriotas? ¿Lo siguió todo el pueblo?
R: Por tres razones. 1) las nociones de "patria", "independencia" y "república"eran, hacia 1810-1813, demasiado abstractas para el pueblo oprimido, así que el ser humano no ilustrado no tenía por qué sentir devoción alguna hacia esos conceptos.2) Los portavoces de ese novedoso estandarte que convocaba a la gente a independizarse de España eran, en su aplastante mayoría, aristócratas esclavistas, dueños de haciendas y de seres humanos. Eran, en síntesis, la encarnación del sujeto a quien los oprimidos detestaban: hombres blancos, ricos, tiranos, gente que despreciaba a las castas "inferiores" y las sometía a esclavitud y servidumbre. 3) José Tomás Boves era un pulpero condenado a cárcel por contrabandista, así que era más cercano a la masa de esclavos y cimarrones; no solo se mezclaba con los más pobres (porque era uno de ellos) en sus fiestas y padecimientos, sino que, cuando le dieron mando y poder emitió un bando insólito en el que le reclamaba a la corona de España un sueldo, además de reconocimiento y respeto, a los combatientes negros y pardos: el célebre Bando de Guayabal (noviembre de 1813). No todo el pueblo siguió a Boves, por supuesto. La Guerra de Independencia y la Guerra Social (1813-14) enfrentaron a venezolanos contra venezolanos. Pero la horda de Boves se fue tras ese caudillo por el contenido social de su discurso y su ejercicio de la democracia.


--¿Eran “realistas” las mujeres y los hombres que lucharon bajo el mando de Boves?
R: El discurso simplista de la historia oficial que nos enseñaron muestra una realidad sencilla: los buenos eran patriotas y los malos eran realistas. Precisamente Boves rompió esa visión plana y equivocada del país y puso en la mesa el otro discurso: la guerra no es entre españoles y venezolanos sino entre pobres y ricos. Entre propietarios y esclavos. Quienes lo siguieron no sabían qué demonios era la república y tampoco tenía que cautivarles ni inspirarles respeto alguno la figura de un rey y una corona. La horda de Boves tenía un solo "ideal": vengarse de sus opresores de 300 años, arrebatarles las riquezas, violar y saquear. En la búsqueda de esa venganza espantosa cayeron blancos españoles y criollos por igual.

--¿Qué influyó para que el pueblo guerrero luchara al lado de los "patriotas"?
R: A la muerte de Boves (5 de diciembre de 1814) aquella masa de hombres se desmovilizó. Es otra demostración de que el afecto y los ímpetus del ser humano expoliado estaban con el caudillo y su forma rudimentaria de impartir justicia, y no a favor de una España que no significaba nada en su lenguaje. Cuando muere Boves quedan al mando de las tropas realistas Cagigal, Morales y Morillo. Pero ninguno de esos hombres tenía la debida conexión con los anhelos del pueblo. Poco después despuntaba en los llanos otro Taita con mando, características y arrastre popular: José Antonio Páez es la bisagra que divide el tiempo en que los pobres consumaron su venganza sangrienta y el tiempo en que se convirtieron en Ejército Patriota y fundador de naciones. El Ejército Libertador es la misma turba bovera, pero disciplinada y metida en el carril por Páez, Bolívar y otros conductores militares independentistas.

--¿Qué eran las “tropas” de Boves: un ejército, una guerrilla, una comunidad?
R: La horda bovera no era un ejército: era un pueblo que decidió entrar en guerra. Los ejércitos de la Primera y Segunda Repúblicas (incluidas las tropas comandadas personalmente por Bolívar) sufrieron terribles derrotas a manos de Boves porque éste no tenía a su cargo un ejército clásico sino una estampida en reposo que esperaba su señal para salir a destruir. Es fama que, cuando Boves se aproximaba a una población, empezaban a oírse gritos en todas partes: "¡Muéranse! ¡Llegó el hombre!", y más de un esclavo, sirviente o asaltante de caminos empezaba la degollina. En un tiempo en que no había misiles ni medios radioeléctricos ni teléfonos celulares, Boves empezaba a matar gente cuando todavía estaba a 50 kilómetros de distancia. Los sirvientes que nunca miraban a los ojos al patrón, al saber que se aproximaban el caudillo y su gente, ahora les gritaban "muéranse": era la orden que la gente humillada le tenía a su engreído propietario.

--¿Qué explica la manera tan cruel que tenían de hacer la guerra?
R: Quienes le profesan odio a Boves (y amor desmesurado a Bolívar) suelen esgrimir para explicar su espanto el dato de la crueldad. Hay verdades que a ningún demagogo bolivariano le gusta reconocer o recordar, como por ejemplo que Bolívar fue quien decretó Guerra a Muerte; que el 12 de febrero de 1814, mientras se producía la Batalla de La Victoria, en La Guaira fueron asesinados 800 presos, enfermos y ancianos, por órdenes de Bolívar. Y sobre todo esta verdad: que quien violaba, degollaba y humillaba a los aristócratas esclavistas no era el monstruo Boves sino un pueblo enfurecido. Poca gente quiere recordar que Pedro Camejo (el Negro Primero) y Juan José Rondón, antes de ser héroes de la independencia, fueron lugartenientes de Boves: fueron saqueadores, violadores, asesinos en ejercicio de una rabia secular. Los bolivarianos prefieren recordar a un Negro Primero que antes de morir va dócilmente a avisarle a su jefe el Catire Páez que está herido. Así se nos ha ocultado nuestra historia como pueblo: se nos oculta la fase humana y primitiva de nuestros héroes, y se les inmortaliza como sujetos obedientes. Así que la crueldad no es patrimonio exclusivo de Boves ni de los suyos. Boves y el pueblo que se fue con él eran crueles, al igualque Bolívar y los suyos, porque toda guerra es cruel e inhumana. No podía ser de otra forma.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Simón Bolívar y José Tomás Boves

Gino González

En apariencia tan antagónicos, cómo cruzar coincidencias entre ellos sin el riesgo de ser sometido al escarnio. No seré el primero ni el último, más aun en estos tiempos de revolución, cuando ambos personajes se reivindican si abordamos la historia en su verdadera dimensión sin prejuicios que la encajonen en dogmas que de nada nos sirven como pueblo.

Bolívar inicialmente, al igual que Miranda, tiene un proyecto concreto inmediato como primer paso quizás… por ahora: la independencia de Venezuela. La máxima conquista revolucionaria es la república y hacia ese objetivo se dirigen los esfuerzos y se convoca al pueblo. No podían entenderlo las grandes mayorías empobrecidas porque su realidad era más determinante: la esclavitud, la servidumbre…

Boves, por lo que fuere: resentimiento, convicción, odio (sin odio no hay guerra, lo demás es romanticismo en la teoría, pero no en el campo de batalla) aglutina a su alrededor a la pobrecía sin esperanzas, en nombre del rey pero en contra de los amos, de los propietarios, de los “blancos”… Ese rey ni sabían quien era pero sus opresores inmediatos sí. Boves no sólo ofrecía libertad a los esclavos, sino la tierra de sus amos. Se repartían lo saqueado y muchos negros tendrían altos rangos militares que por cierto, luego de la muerte del Taita, Morillo, en su arrogancia imperial y racista, no les reconocería, lo cual sería causa para la deserción hacia las filas republicanas. Ese pueblo sería la herencia del traidor Páez y conformaría el ejercito libertador al mando de Simón Bolívar, que más tarde cruzaría Los Andes a liberar otros pueblos.

Bolívar de 1816 en adelante ya comprende la lucha de clases que se inició con Boves. Varias veces proclamaría libertad para los esclavos, la cual se llevo a cabo en el papel 24 años después de su muerte.

¿Estaba José Tomás Boves destinado al fracaso con sus tropas enardecidas, ya habían identificado sus enemigos de clase, arrebatando con las armas lo que no estarían dispuestos a negociar luego con los amos realistas?

¿Estaba Simón Bolívar destinado al fracaso cuando en nombre de la república buscó aliados donde sólo había traidores que creían en ella siempre y cuando se mantuvieran sus privilegios?

Bolívar demandaría en los años venideros la justicia que el pueblo reclamaba y le valdría el odio de la oligarquía.

La revolución, bolivariana o bovera, no la para nadie.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Muerto de hambre y jarto e gloria (rimas para una historia del pueblo)

Para interpretar preferiblemente en golpe de seis por derecho, con bandola, cuatro y maracas. Póngale sin embargo la música o fraseo que guste.


No me llore por el pueblo
que esa vaina no me gusta

Que esa vaina no me gusta
Más bien cuénteme la historia
Que no se ha contado nunca:
La historia del pueblo llano
Mi gente de piel oscura
Mal vestida y mal hablá
De manos y lengua rústica
Del que siempre se aprovechan
Los patiquines que estudian
Ese pueblo sepultado
En una gaveta sucia
donde la historia oficial
Nunca revisa ni esculca
El de la historia no escrita
El del alma vagabunda
Es mi pueblo escamisao
El de la rabia profunda

El de la rabia profunda
Cuénteme Viejo esa historia
Que a los ricos les asusta
La historia de mis abuelos
Que a los doctores insulta
La historia de los sin tierra
Tierra pal que nos sepulta
La historia del que trabaja
No la de la gente curta
Los que se parten el lomo
Y unos poquitos disfrutan
Este bravo pueblo alzao
Ese que estalla y relumbra
Genuino libertador
Que va palante en la lucha
Antes lo llamaban horda
Antes lo llamaban turba
El pueblo estaba aplastao
Esclavitud hijoeputa
Al indio lo segregaron
destruyeron su cultura
El negro era servidumbre
Pardo y mestizo era chusma
Pero cuando entró a la guerra
Sangró la tierra y la luna
Destruyó to’s los altares
Las mansiones y los curas
Mil ochocientos catorce
Tiene fechas muy fecundas
El pobre llegó al poder
El millonario a la tumba
Pagaron con sus doncellas
Trescientos años de furia
Al mando del taita Boves
Acabó con la República
La república mantuana
De casaca y de peluca
Esclavista y aristócrata
Patria de ricos de cuna
No podíamos perdonar
Una patria tan pajúa

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(revuelta o intermedio)

Cuénteme Viejo qué ha sido
De esa turba y esa horda
Ese pueblo somos todos
Los pobres, los pelabolas
Yo le exijo, pobre viejo
Que usted me cuente esa historia
La del obrero, el esclavo
Que en la fábrica lo explotan
La historia del campesino
Pescador y limpiabotas
Artesano y pichachero
La ama de casa y las otras
Mesonera e botiquín
Doméstica y planchadora
La historia del desempleado
Que está fundío y le toca
Vivir debajo de un puente
Muerto por la cañandonga
Despreciado por su gente
Fulminado por la droga
Mendigando por las calles
Salí a atracá con pistola
Lo exprime el capitalismo
Y pa la calle lo bota
Este pobre pueblo manso
Cuando se arrecha esmorona
Las sociedades corruptas
Que nos niegan nuestra historia
Es una historia tremenda
Es una historia gloriosa
¡Cuente la historia de un pueblo
Muerto de hambre y jarto e gloria!


___________
(Revuelta o intermedio)

Y yo le sigo exigiendo
Que me cuente qué es la patria

Que me cuente qué es la patria
Yo creo que nos estafaron
En los libros de primaria
Porque allí sólo me cuentan
De los blancos las hazañas
El grito de independencia
Fue pura gente mantuana
Y a los pobres los tenían
Sirviéndoles en las casas
En enormes plantaciones
Y en las minas los mataban
Vergonzosa esclavitud
Que todavía nos envaina
¡Hasta que llegó el momento
Que entráramos en batalla!


___________
(Revuelta o intermedio)


Cuando entramos en batalla el espanto los atrofia
Porque cuando estamos bravos
El sangrero se desborda
Yo quiero que usted recuerde nuestros momentos de gloria
Las batallas de La Puerta
son para el pueblo una honra
cerca e San Juan de Los Morros
emboscaron a las hordas
pero el pueblo incontenible
Despedazó aquellas tropas
Dos veces creyó Bolívar
Derrotarlos de esa forma
Dos veces el pueblo hambriento
Le propinó esa derrota
Zaparapanda e coñazos
¡Pa que respete a la horda!

Ay a la horda
Dígame usté Las Queseras
Donde Rondón se desborda
Los españoles confiados
Disciplinados y en forma
No me digan “vuelvan caras”
Esa embuste tan grandota
Cuénteme al héroe que estaba
Al frente de la patota
Este Juan José Rondón
Que asombró a toda Colombia
Orgullo de Las Queseras
Compai de Boves que azota
Pero cuando este murió
Fue pal llano con su tropa
Hábleme de los Farfán
Que en la escuela ni los nombran
Negro Miguel y Andresote
En los libros ¡ni su sombra!
Por qué a mí nunca me cuentan
Que el ejército patriota
Es el pueblo desbordado
Que antes lo llamaban horda
Por cinco países fueron
A morir en forma anónima
De la Guerra Federal
Al gran Martín Espinoza
A mí siempre me lo ocultan
Sólo me hablan de Zamora
Cuénteme al Negro Primero
Saqueador a mucha honra
Otro compadre de Boves
Otro de alma cimarrona
Que después se fue con Páez
Lo captaron los patriotas
Pero a mí sólo me cuentan
Que se murió en esta forma:
Pidiendo permiso al jefe
Pa morir junto a sus botas
¡Pa eso es que hablan del Negro
Pa llamarlo jalabolas!

___________
(Revuelta o intermedio)


Esta es otra grosería
Que enseñan en las escuelas

Que enseñan en las escuelas
La batalla e la Victoria
Donde encuentran resistencia
Los pobres y cimarrones
A toda Aragua la asechan
Un puñado e caraqueños
José Félix Ribas entrena
Para frenar a los nuestros
Y se produce una fiera
Matazón entre muchachos
Sin experiencia en la guerra
Por un lado los blanquitos
Que estudian en las escuelas
Por el otro los esclavos
Muchachos de piel morena
Era joven contra joven
Pero eso nunca lo cuentan
Día de la Juventud
A mí me imponen la fecha
El catorce de febrero
Cuando fue la coñacera
Pero aquí yo quiero honrar
A los hijos de las negras
¡no a los hijos de los ricos
Ni a los dueño e las haciendas!

___________
(Revuelta o intermedio)

Ya está bueno de Miranda
Páez, Bermúdez y Bolívar
En una historia de santos
Yo quiero hablar de Mandinga
El 27 e febrero
Eso sí es historia digna
La fundación de una patria
Antes sólo éramos mina
Me educaron los adecos
Nos inculcaron doctrina
Nos contaron su versión
interesada y ¡la pinga!
Ya no más Santos Luzardo
Ya no más Pinto Salinas
Ya no más puntofijismo
Ya no más Renny Otolina
Ya no más Radio Rochela
Échenlos pa la letrina
Ya está bueno de petróleo
Ciudades cosmopolitas
No más centros comerciales
Desarrollo y autopista
No más universidad
Que la mente nos cocina
No más 23 de enero
Eso huele a naftalina
Yo quiero monte y culebra
No más Caracas sifrina
No más “templo de pavor”
Esa canción tan ladilla
Ese “gloria al bravo pueblo”
Que da bostezo y piquiña
Que nuestro himno sea un tambor
Un tamunangue una quirpa
Y a ese panteón nacional
Báñenlo con gasolina
Con un fósforo en la mano
Me pararé en una esquina
A contar la nueva historia
Que la otra es nuestra ruina
Que viva el doce de abril
Fecha que nos glorifica
Ese día no nos calamos
Al rico y su tiranía
Tumbamos al empresario
que el gringo nos imponía
¡Y esta historia continúa
Esta historia no termina!

jueves, 16 de septiembre de 2010

El “monstruo” que fue todo un pueblo

Artículos referenciales:


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El prestigio del “primer jefe de la democracia” (como lo bautizó Juan Vicente González) funcionaba como hoy lo hacen los blackberrys y la televisión: cuando en una población corría la voz de que se acercaba Boves, esclavos y sirvientes comenzaban a festejar y los amos a aterrarse: eran los misiles del asturiano que se activaban antes de empezar las batallas. Vaya este otro análisis a 228 años del nacimiento del Taita

Cecilio Canelón

Como pretendemos ir a contracorriente, comenzaremos esta especie de biografía desde la muerte del personaje, y un poco después. El 17 de febrero de 1815, desde Mompox (Nueva Granada) Simón Bolívar decía: “La muerte de Boves es un gran mal para los españoles, porque difícilmente se encontrarán en otro las cualidades de aquel jefe”. Es quizá el único pasaje, en todos los documentos de Bolívar, en que El Libertador le reconoce algún mérito a su contrafigura, el hombre que destrozó con sus hordas el segundo intento de fundar una República. Por supuesto que se equivocaba Bolívar: quien lo había derrotado y amenazaba con liquidar a todas las castas dominantes era el pueblo desbordado, no un general con cualidades excepcionales. El prestigio del “primer jefe de la democracia” (como lo bautizó Juan Vicente González) funcionaba como hoy lo hacen los blackberrys y la televisión: cuando en una población corría la voz de que se acercaba Boves, esclavos y sirvientes comenzaban a festejar y los amos a aterrarse: eran los misiles del asturiano que se activaban antes de empezar las batallas. Boves no tenía tras de sí a un ejército sino todo un pueblo alrededor, en todas partes. Mucha gente que se activó y peleó para la causa (que no era la realista, por cierto, sino la de la redención del ser humano en esclavitud) jamás vio al jefe: bastaba invocar el nombre de aquel que invitó al pueblo pobre a arrebatarles a los ricos lo que éstos le secuestraron por años, para que entrara en acción el ejército más pavoroso. Tal cual el Sacudón (o Caracazo) de 1989, la rebelión de 1813-1814 no tenía un foco o punto de partida sino cientos de miles: en cada sótano, fogón o hacienda donde hubiera gente con las esperanzas destruidas, ahí estallaba la furia. Aquel fenómeno, junto con el de Haití años atrás, es el antecedente más claro de lo que se ha llamado Ejército de Liberación Popular en América Latina, y su acción caótica y justiciera se llama democracia. Y fue cruel, muy cruel, este primer ejercicio de democracia participativa y protagónica en Venezuela.
Apenas se olfateaba la llegada del ejército bovero, el esclavo desobedecía a su amo y se iba tras los bienes, tras la niña o mujer que lo despreciaba; el engreído patrón que echaba látigo y desprecio sintió al fin la lanza del que siempre fue obligado a postrarse. La capacidad de destrucción de un pueblo rabioso se echó a rodar inmisericorde. Las ciudades y caminos se llenaron de escenas inverosímiles de horror; así se cobró la gente pobre una venganza de 3 siglos. Pero como siempre es más fácil personalizar el odio y el miedo, los historiadores prefieren atribuirle a un solo sujeto cada degollamiento, cada violación, cada descuartizamiento. Boves no mató a cien mil personas, pero el demagogo estándar jamás dirá que fue el pueblo salido de madre. Eso no genera simpatías. No "vende". Mejor entonces echarle la culpa a un solo hombre.
Pero aquí el punto de interés es otro. Que El Libertador haya atisbado “cualidades” casi irremplazables en José Tomás Boves (muerto en la batalla de Urica, 5 de diciembre de 1814) es digno de apreciarse, sobre todo teniendo en cuenta los párrafos que le había dedicado al asturiano en cartas anteriores: “el archimonstruo, el devastador de Venezuela”… “más de ochenta mil almas han bajado a la silenciosa tumba por su orden o por los medios y aun por las manos de este caníbal, y el bello sexo ha sido deshonrado y destruido por los medios más abominables y de la manera más innatural y horrenda” … “Nada se ha escapado a la furia despiadada de este tigre” … “de todos esos campos risueños, apenas quedan vestigios, excepto escombros, esqueletos y ceniza”.
Así se expresaba Simón Bolívar, un hombre que en una sola orden y en un solo día mandó a asesinar a 800 españoles, incluidos reclusos y enfermos en La Guaira. Esto ocurrió el 14 de febrero de 1814, pero la historia patria prefiere opacar este suceso, y nada mejor que la Batalla de La Victoria, que tuvo lugar el mismo día, para lograrlo. Casi ningún venezolano recuerda hoy que el “Día de la Juventud” hubo una matanza de españoles indefensos.

¿Por qué silenciar la más grande rebelión social?

Antes del período de Guerra Social (1812-1814) hubo varios alzamientos, insurrecciones e insumisiones de esclavos que han concitado el interés de los venezolanos. Desde 1603, cuando se sublevan los negros en las rancherías de perlas en la Isla de Margarita, hasta el alzamiento de José Leonardo Chirino en Falcón (1795), pasando por las muchas cimarroneras y gestos insólitos como los del Negro Miguel, Guacamayo y Andresote, hubo docenas y quizá centenares de actos de rebeldía que pasaron a la historia con gran renombre y admiración, aunque sólo tuvieron alcance local. Quizá sea el de Chirino el más conocido y celebrado de todos los alzamientos de esclavos, y se trató de un movimiento de unas 200 personas que abarcó un territorio de no más de 700 hectáreas.
En cambio, el fenómeno telúrico, el espantoso sacudón que desató el pueblo oprimido bajo las órdenes de José Tomás Boves entre 1813 y 1814, fue el primer alzamiento popular de alcance nacional registrado en lo que hoy se conoce como Venezuela. Pero ese estallido sólo es mencionado como hecho horrendo y maligno, por razones que tienen que ver con el resguardo de los valores de la patria. Más allá de las consideraciones acerca de si Boves y su gente eran “realistas”, descuella el hecho de que la mayoría de las personas sometidas a esclavitud, servidumbre y segregación (negros, pardos y pequeños comerciantes canarios) se incorporaban a las filas de la rebelión en mareas desbordantes. Ha dicho Juan Bosch: “Cuando Boves ordenó el ataque a La Victoria, en el mes de febrero, disponía de 7.000 hombres; cuando huyó hacia los Llanos la noche del 17 de abril, le quedaban sólo 400. Y sin embargo al comenzar el mes de junio reapareció en los Llanos a cabeza de miles de seguidores, tan fieros como los que mandaba dos meses antes.
El pueblo engrosaba las filas de Boves sin cesar, como aumenta la lluvia el agua de los ríos”.
Sobre Boves pesa un dictamen simplista: peleaba por la corona para reimplantar o sostener el sistema colonial. Los hechos hablan de una realidad más compleja: los esclavos y oprimidos le seguían porque a su lado iban a combatir a una casta que se ganó su desprecio: los blancos criollos, los mantuanos. ¿Era realista también el pueblo pobre? ¿Adoraba al Rey y a la Corona? El pueblo pobre tenía entonces una vaga noción de lo que eran o significaban ese personaje y esa institución. No puede reclamársele al pueblo oprimido el "pecado antipatriota" de haber invocado a la corona para sublevarse. La invocación de Boves en el papel hablaba de defensa del Rey, pero la invocación en los campos fue de una rabia ancestral. Demagogo sí que lo era, pero en su descargo queda el haber cumplido una promesa crucial: entregarle al pueblo pobre, o mejor: permitir que el pueblo pobre tomara con sus manos, lo que los grandes propietarios blancos le arrebataron por tres siglos. Allí queda, para la historia, el célebre bando de Guayabal (noviembre 1813), primer documento de Boves a sus jefes españoles, en el cual solicita apoyo y reconocimiento a sus hombres. Se dice rápido, hasta que uno se percata de que “sus hombres” eran gente que no tenían más que medio pantalón y unas cadenas, y de pronto viene un jefe y pide para ellos rango militar y respeto a su investidura.
El Regente Heredia, realista, decía que Boves estaba exterminando la raza blanca en Venezuela. Blanco criollo, mantuano y republicano quería decir lo mismo para los hombres de Boves. Tomás Morales, quien le sucedió en el mando como comandante general del ejército de Oriente cuando Boves murió en la batalla de Urica, escribía en febrero de 1815 que había exterminado a los republicanos. ".. .no han quedado ni reliquias de esta inicua raza en toda Costa Firme", decía.
¿Vale la pena detener el análisis en la observación del presunto racismo implícito en el anhelo de exterminio de los blancos? No, porque “blanco” en 1814 significaba propietario, y el propietario era el esclavista, terrateniente, engreído, poderoso y criminal de siempre: era el opresor que primero era español nacido en Europa y ahora era español nacido en Caracas. Así, la insurgencia de la horda bovera hablaba de un contenido de clases: muerte al que lo tiene todo y poder para el que nada tenía.
El resto de los datos biográficos de José Tomás Boves puede diluirse en una narración bostezante sin problema alguno, porque lo esencial de su persona no es su persona sino el maremoto humano que fue tras de sí: nació en 1782 y murió en 1814. En términos actuales tenemos a un joven de 32 años puesto al frente de un pueblo que por unos pocos meses tuvo el poder (aunque no ejerció funciones de Gobierno). Un pueblo y no un ejército. Ese fue el “secreto” de sus terribles victorias.

martes, 6 de julio de 2010

La basura burocrática y el momento grande del pueblo sublevado: Caracazo y Sacudón del 5 de julio de 1811 y días siguientes

El famoso cuadro de Juan Lovera (Firma del Acta de Independencia): según la historia que nos impusieron fue un acto pulcro, silencioso, moderado, recatado, acartonado, aristocrático, elegante, pasteurizado y homogeneizado. Este testiomonio de H. Poudenx da otra visión de la participación del pueblo, desde las ventanas y tribunas de la iglesia de San Francisco, aquel 5 de julio: "Cuando van entrando los diputados a ocupar sus puestos amenazan de muerte a los moderados (18). "Nunca tanta gente se había visto allí, ni jamás se observara en los oyentes el porte descomedido que en la ocasión tuvieron. Vítores y aplausos ruidosos y sin fin resonaban cada vez que tornaba o dejaba la palabra un diputado republicano: las opiniones equívocas eran acogidas con risotadas, silbos y amenazas..."

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El objeto de las siguientes anotaciones (algunas mías, otras de autores varios) sobre la historia del 5 de julio y el barullo aquel de la "independencia", no es imponer un conocimiento sino todo lo contrario: para sembrar dudas. Sirva como material que ayude al cuestionamiento, la interpelación, la crítica y la interpretación de la historia oficial, y como punto de análisis hacia la organización y difusión de una Historia del Pueblo.
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El 5 de julio lo que hubo en Caracas fue un traspaso burocrático (y "más o menos" violento) del poder: los españoles nacidos en Caracas le arrebataron el control de la moribunda Capitanía General de Venezuela a los españoles nacidos en España.
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Lo que nos han inculcado como "historia patria" es que ese día nos liberamos de España y que el pueblo tiene que estar orgulloso de ello.
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Una repulsiva y miserable manipulación de la historia pretende hermanar la lucha de las hegemonías por el control de Venezuela con las luchas del pueblo oprimido. En realidad, el pueblo pobre (los esclavos, la servidumbre, en su mayoría pardos y negros) detestó desde el principio la prepotencia de los grandes propietarios, blancos criollos y peninsulares.
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La historia oficial desprecia, condena y por lo tanto pretende silenciar, ocultarnos a nosotros como pueblo, los alzamientos populares del 6 de julio y días posteriores. Sus autores y defensores se basan para ello en un asunto de etiquetas y franquicias que también nos han impuesto: quieren hacernos ver que todo lo que se oponía a los mantuanos era "realista" y por lo tanto despreciable. "Olvidan" (sí, cómo no) que la primera declaración de independencia (19 de abril) la realizaron los próceres también bajo banderas realistas: el primer combo caraqueño que gobernó o intentó gobernar estos territorios se autodenominó "Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII".
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Los "próceres" "patriotas" de la incependencia sabían quién era el rey de España y qué cosa era la corona española. Ellos sabían qué estaban invocando. El pueblo pobre tenía una vaga noción de lo que eran o significaban ese personaje y esa institución: el poder siempre ha sido para el pueblo una imposición lejana, misteriosa y terrible; un poder invisible pero aplastante, algo desconocido y remoto como la idea misma de Dios. Así que no puede reclamársele al pueblo oprimido el "pecado antipatriota" de haber invocado a la corona para sublevarse.
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Los "patriotas" mantuanos invocaron a la corona española para conquistar el poder pero siguen siendo llamados "patriotas"; los pobres de entonces (negros y pardos, esclavos y sirvientes, y los pulperos y pequeños comerciantes canarios, despreciados todos por su origen y ocupación) se alzaron contra ellos usando como excusa a esa misma corona, pero la historia los tacha de "realistas". Patria y gloria para los ricos; látigo y olvido para los pobres.
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El primer exiliado político de la "Junta Conservadora" (los patriotas del 19 de abril de 1810) fue José Félix Ribas, por andar agitando al pueblo: "En 1810 trató de sublevar a los negros para terminar toda casta europea y apoderarse del mando de Caracas. La Junta Revolucionaria, temiendo sus sangrientos designios, le desterró Ignominiosamente a Curazao» (Urquinaona, Memorias). Poco después fue "captado" por los patriotas y dejó de ser héroe del pueblo para convertirse en simple prócer glorificado por la historia mantuana.
***
En los albores de la República (más bien en la Primera y Segunda Repúblicas) el pueblo tuvo participación activa, tanto en la lucha por la independiencia como en las luchas propias del pueblo rabioso en busca de su emancipación como casta (y como clase). Cierto que hubo una guerra de independencia, pero en las celebraciones de la "historia patria" ni siquiera se menciona el conflicto grande, aterrador, que fue la Guerra Social: mientras los españoles de allá y de acá resolvían su conflicto burocrático (pura historia europea) estallaba en el fondo, como furiosa agua subterránea de la que nadie quiere hablar, la fase mortal del conflicto milenario de pobres contra ricos; esclavos contra propietarios; pueblo contra "próceres". La historia oficial se las ha arreglado para que parezca que sólo hubo lucha por la independencia (blancos contra blancos; propietarios contra propietarios) ¿Por qué seguir dándole preponderancia a la historia patria por encima de la historia del Pueblo?
***
Sobre la participación del pueblo en las luchas de independencia, van a continuación fragmentos de documentos varios, que por cierto existen pero nos han sido convenientemente ocultados:
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Así transcurrió el primer día de nuestra "Independencia" (5-6 de julio de 1811), esto fue un Caracazo, ni más ni menos:
"Aquellos jóvenes (se refiere el autor a los esclavos, servidumbre, pueblo pobre y excluido) en el delirio de su triunfo corrieron por las calles: despedazaron y arrastraron las banderas y escarapelas españolas: sustituyeron las que tenían preparadas, e hicieron correr igualmente con una bandera de sedición a la Sociedad Patriótica, club numeroso establecido por Miranda, y compuesto de hombres de todas castas y condiciones, cuyas violentas decisiones llegaron a ser la norma de las del Gobierno. En todo el día y la noche las atroces pero indecentes furias de la revolución agitaron violentamente los espíritus sediciosos. Yo los vi correr por las calles en mangas de camisa y llenos de vino, dando alaridos y arrastrando los retratos de Su Majestad, que habían arrancado de todos los lugares donde se encontraban. Aquellos pelotones de hombres de la revolución, negros, mulatos, blancos, españoles y americanos, corrían de una plaza a otra, en donde oradores energúmenos incitaban al populacho al desenfreno y a la licencia. Mientras tanto, todos los hombres honrados, ocultos en sus casas, apenas osaban ver desde sus ventanas entreabiertas a los que pasaban por sus calles. El cansancio, o el estupor causado por la embriaguez, terminaron con la noche tan escandalosas bacanales". (José Domingo Díaz, Recuerdos de la Rebelión de Caracas).
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"El mismo día en que se instauró el poder ejecutivo fueron sorprendidos y arrestados algunos pardos en una junta privada que tenia, acaudillada de Fernando Galindo, con el objeto de tratar de materias de Gobierno y de la igualdad y libertad ilimitadas" (Carta de Juan Germán Roscio a Andrés Bello).
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"Si ya no están los mantuanos arrepentidos de su desatinada insurrección, muy poco pueden tardarse en arrepentirse; pero siempre será tarde. Como quiera que los mulatos y negros son 10 ó 12 por un blanco, habrán éstos de sufrir la ley que aquéllos quieran imponerles; y siempre están expuestos a los mismos desastres que sufrieron los franceses dominicanos: tal es la felicidad que se han traído los insurgentes de Caracas con su revolución" (Vicente Emparan, ex Capitán General).
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Después del inolvidable y famoso (porque a la historia oficial ha querido que sea famoso e inolvidable) discurso de Bolívar que contiene la frase: "¿Trescientos años de calma no bastan?", pidió la palabra en la asamblea de la Sociedad Patriótica un Coto Paúl sepultado en el olvido, y se lanzó este otro discurso (del cual no se acuerda nadie, porque la historia oficial no quiere que nadie lo recuerde): "¡La anarquía! Esa es la libertad, cuando para huir de la tiranía desata el cinto y desnuda la cabellera ondosa. ¡La anarquía! Cuando los dioses de los débiles, la desconfianza y el pavor la maldicen, yo caigo de rodillas a su presencia. Señores: Que la anarquía, con la antorcha de las furias en la mano nos guíe al Congreso, para que su humo embriague a los facciosos del orden, y la sigan por calles y plazas, gritando: ¡Libertad! Para reanimar el mar muerto del Congreso estamos aquí en la alta montaña de la santa demagogia. Cuando ésta haya destruido lo presente, y espectros sangrientos hayan venido por nosotros, sobre el campo que haya labrado la guerra se alzará la libertad...”
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Valencia, Caracas, Los Teques y otras poblaciones de los alrededores de la capital se iban a insurreccionar en "nombre del Rey de España" contando para esto con la cooperación de Puerto Cabello, y sobre todo con el envío de tropas españolas desde Maracaibo, que permanecía realista (25). Todo estaba preparado lo mejor posible, pero a última hora, como suele suceder en estos casos, hubo una traición. El plan fue denunciado por don N. Barona y el Gobierno procedió inmediatamente a efectuar los arrestos necesarios.
Sabiendo los conspiradores que estaban denunciados decidieron alzarse en Los Teques a eso de las tres de la tarde del 11 de julio. En esta población se reunieron sesenta canarios montados en mulas, armados de trabucos y con los pechos cubiertos con hojas de lata, a guisa de armadura, gritando furiosa mente "viva el Rey y mueran los traidores". También habían prometido la libertad a los negros de Caracas con tal de que se sumaran a la revuelta pero nada sucedió. En cambio, en Valencia, la conspiración triunfaba apoderándose de la ciudad y proclamando a Fernando VII. Al mismo tiempo la revuelta de Los Teques era dominada completamente antes de las cuatro de la tarde...
...E
n Valencia, los revolucionarios realistas habían insurreccionado, en vista de hacerse un mayor número de tropas adictas, a todos los negros de los alrededores, dictando proclamas igualitarias y reivindicaciones sociales, dando la libertad a los esclavos y la igualdad a los pardos. Todos los descontentos por rivalidades feudales con Caracas se sumaron al movimiento, pues deseaban que la capital de la República fuese Valencia. Inmediatamente procedieron a repartir armas que hablan recibido, días atrás y en secreto, a todo el pueblo insurreccionado" (Uslar, Historia de la rebelión popular de 1814).
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Así se comportaba la Primera República con el pueblo; esto era lo que entendían por "libertad" los "próceres de la independencia":
"El Supremo Poder Ejecutivo ha mandado establecer, en todos los partidos sujetos a una Justicia Mayor, Patrullas o Guardias Nacionales para la aprehensión de esclavos fugitivos; los cuales, visitando y examinando con frecuencia los Repartimientos, Haciendas, Montes y Valles, harán que se guarde el debido orden en esta parte de nuestra población destinada a la cultura de las tierras, embarazando que se separen de ella por caprichos, desaplicación, vicio u otros motivos perjudiciales a la tranquilidad del país. De orden del Gobierno se comunica al público esta determinación para que llegue a noticia de todos... A esta importancia primera se asocian otras muchas que el Gobierno ha tenido presentes al concebir este establecimiento; pues si protege las penosas tareas de los propietarios de las tierras, no favorece menos la tranquilidad de los partidos rurales, embarazando los robos y asesinatos en caminos desiertos. Los soldados de estas escoltas ambulantes pueden además servir muy bien en diferentes ocasiones para otros objectos de mayor importancia y gravedad por el conocido y frecuentado, con el exercito de sus funciones. La esclavitud honrada y laboriosa nada debe temer de estas medidas de economía y seguridad, con que el Gobierno procura el bien de los habitantes del país". (En Gaceta de Caracas del 26 de julio de 1811).
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Así estaba dividida socialmente la Venezuela de 1811:
"La situación social, de conjunto, en que se encuentra esa Venezuela de 1811 precursora de la Independencia, es la siguiente. Primero un grupo bastante reducido, compuesto por los empleados españoles y criollos de los distintos ramos administrativos; por los hacendados españoles y por el enjambre de pequeños comerciantes, canarios en su mayoría, que deseaban ardientemente la vuelta al viejo régimen, a la eterna colonia, donde solamente podrían sobrevivir y conservar alguna importancia social... "El segundo grupo está compuesto por los grandes propietarios y comerciantes ligados a la producción nacional. En su mayor parte, con pocas excepciones, es un grupo que desea la Independencia, pero la desea en el fondo, sin derramamiento de sangre, sin escándalo, calladamente. No quiere exteriorizar su descontento porque- en general tiene mucho que perder. Con el beneplácito de este grupo es que se realiza el 19 de abril, pero es también este grupo quien condena a Miranda cuando sus primeras intentonas libertadoras. Quiere independencia sin guerra, y libertad con pueblo esclavo y sumiso. Este grupo es el que por presión de los demagogos de la Sociedad Patriótica declarará la Independencia, pero también será él el que por sus contradicciones internas ocasionará la pérdida de la Primera República y preparará con sus pequeñas rencillas y complejos de clase el advenimiento de esa gran oleada de sangre que fue la rebelión popular de 1814... "El tercer grupo es el de los insurrectos, compuesto en su mayor parte por jóvenes pertenecientes a la clase media o a la nobleza. Estos últimos, ricos herederos como los Bolívar o los Ribas, impregnados de la filosofía revolucionaria francesa y plenos de idealismo nacional, a quienes nada les importa perder posesiones y fortunas con tal de ver una bandera propia ondeando sobre el suelo de la patria. Son ellos los fundadores de la libertad... "El cuarto grupo es el pueblo; libres y esclavos, negros y mestizos, formando en un 95 por 100 lo que en aquellas épocas se denominaba "las castas" o también con un cierto sentido de desprecio "el negraje", aunque fueran indios o simplemente mestizos. Este grupo está sometido por completo a la ignorancia y al aislamiento espiritual más absoluto. No tiene noción de lo que puede ser la patria, la familia o la religión. Es un grupo que en teoría es humano pero en la práctica se considera como animal, o como intermedio entre la bestia y el hombre. Ven al blanco con el odio intenso de la inferioridad forzada. Por generaciones han tenido que doblegarse a los caprichos más pequeños de sus amos y al látigo, material o moral, de sus capataces. El libre se diferencia del esclavo en el solo aspecto de que no es esclavo. Muchas veces no se le paga nada o muy poco, con el agravante de que tiene que cargar consigo mismo, mientras el verdadero esclavo, como propiedad, es protegido por el amo". (Juan Uslar Pietri, Historia de la rebelión popular de 1814).

jueves, 24 de junio de 2010

A 189 años de su muerte, Gloria al esclavo devenido cimarrón, saqueador, lumpen-guerrero y orgullo de su gente (nosotros), Pedro Camejo


Negro Primero, alta expresión de la rabia del pueblo oprimido

La historia oficial nos impuso la figura de un Negro Primero obediente que fue a pedirle permiso al jefe para morirse, y nos ha ocultado una parte importante de su historia: Camejo fue uno de los hombres que acompañaron a José Tomás Boves en sus más insólitas victorias.
Héroe de las batallas de La Puerta, en las cuales el pueblo enfurecido derrotó dos veces al ejército engreído y esclavista de Bolívar. A la muerte del taita en Urica, se desmoviliza y regresa al llano, junto con la enorme mayoría del contingente de pueblo que rehusó ser conducido por un imbécil como Morillo, general con hazañas guerreras pero sin empatía con el pueblo. Poco después es "captado" por otro taita bravío, José Antonio Páez; para aquella gente en rebelión daba lo mismo qué bandera defendía su jefe, porque su primitiva conciencia o falta de ella sólo lo movía a arrebatarle al poderoso lo que por 300 años se le había arrebatado a él.
De la primera batalla en que Camejo y otros de sus compañeros de hambre, vida y puñaleos, pelearon para los patriotas (hasta 1814 lucharon para Boves) cuenta José Antonio Páez que debió imponerles su autoridad y una dura disciplina, porque aquellos hombres no se limitaban a ganar batallas sino que se aplicaban al saqueo y el despedazamiento de lo existente: aquellos tipos no eran soldados entrenados sino malandros furiosos.


Así nos "trampea" la historia oficial: en este relieve del Campo de Carabobo aparecen Páez y el Negro Primero, éste atrás y el jefe adelante. Por mucho que le hayan puesto ese apodo, para la historia manipulada que nos han enseñado Camejo era un peazo e Negro Segundo

Aquellos desmanes eran la rabia del pueblo estallando tras 300 años de esclavitud. El pueblo en rebelión no es bueno para construir sino para destruir la sociedad que los oprime. Desde la óptica actual lucen bárbaros y caóticos aquellos acontecimientos. Sólo una observación minuciosa del pulso de la historia puede dar las claves correctas: el ser humano oprimido de América tenía la misión de destruir para que otros procedieran luego a construir. Lamentablemente, la tarea de construir quedó desde entonces, al igual que en la Colonia, en manos de familias poderosas y élites insufribles.
Hoy recordamos la figura de Pedro Camejo, sobre todo por lo que representa: el pueblo sometido, salido de madre en guerra mortal contra lo establecido, y luego utilizado, metido en cintura y sacrificado por los grandes propietarios, los poderosos de siempre. Eso no deberíamos olvidarlo nunca jamás, porque muchas otras veces nos pasó lo mismo como pueblo. A la mierda la historia oficial y la versión del Eduardo Blanco, que pone a decir al nuestro: "Jefecito, yo me voy a morir, ¿oyó?, vengo a despedirme, no se ponga bravo".

lunes, 31 de mayo de 2010

Pensar la Nación: a propósito del Bicentenario de la Revolución de Mayo

Miguel Mazzeo - Frente Popular Darío Santillán


Es común advertir en la militancia de izquierda dificultades un tanto desmedidas a la hora concebir una nación no liberal y no burguesa. Por cierto, después de la última dictadura y de más de un siglo de relatos militaristas y reaccionarios sobre la nación, se ha tornado difícil formular una idea de nación no emparentada con lo más abyecto. Existe, además, toda una cultura política en sectores de la izquierda argentina reacia a la idea de nación. A algunos de los militantes más veteranos muchas veces la dialéctica les quedó trunca y les resultó complicado conjugar lo general con lo concreto, lo internacional con lo nacional, más allá de que el mismísimo Trotski rescatara el patriotismo de los oprimidos.

En los militantes más jóvenes, el rechazo de lo nacional puede reflejar no sólo la impronta de viejas tradiciones, sino también el impacto de la experiencia neoliberal: el economicismo, la falta de referentes históricos, el culto a la técnica, la reivindicación de una condición desterritorializada y el desprecio por la política. También, en el caso de los jóvenes, el rechazo de lo nacional suele ir acompañado por el repudio de los grandes relatos históricos.

Pero ocurre que la nación no ha dejado de funcionar como elemento de identificación de las personas en todo el mundo. Es más, creemos que las condiciones democráticas radicales y el poder popular sólo tienen futuro si logran coagular en marcos nacionales (y no estamos pensando precisamente en “vías nacionales al socialismo”). La nación sigue siendo necesaria para la unidad política, imprescindible para la supervivencia misma de las clases subalternas. Ahora bien, la nación, así concebida, no es un dato de la realidad, es un proyecto de cara al futuro, de cara al mundo del futuro.

Con la globalización neoliberal se reposiciona la cuestión nacional. Esta se expresa, en forma negativa, en cierto nacionalismo fascista que promueve limpiezas étnicas, o en el nacionalismo que se confunde con el extremismo religioso. Pero también se expresa en forma positiva, cuando la nación remite a la riqueza cultural y democrática que se resiste a la universalización totalitaria del capitalismo y a sus estrategias de homogeneización compulsiva, cuando los sentimientos nacionales se encaminan hacia la defensa de la soberanía y la diversidad cultural, y hacia una lucha revolucionaria de las clases subalternas. En el mundo periférico, dos procesos se siguen combinando: el de la refundación de la nación y el de la lucha contra la opresión de clase.

Partimos entonces de la centralidad del aporte de las clases subalternas a la hora de definir y construir la nación. Reivindicamos una idea de la nación popular y democrática, hacia atrás y hacia delante y un horizonte latinoamericano. Y si bien consideramos que esta idea funda una concepción abierta y plural de la identidad nacional, no exenta de contradicciones e intereses heterogéneos, la misma no deja de ser excluyente. Porque nuestra idea de nación no coincide (es antagónica) con la de las clases dominantes (considerando a todas sus facciones). Ocupamos polos antagónicos en el pasado y no deseamos el mismo futuro. Si, como afirmaba Benedict Anderson, las naciones son “comunidades imaginadas”, la nuestra de seguro es muy diferente a la que pueden imaginar las clases dominantes. Porque las clases dominantes locales (agentes del capital trasnacional) difícilmente puedan desarrollar un interés nacional que se contradiga con sus negocios.

En 1910 el Estado Nacional y la clase dominante, cuyo núcleo estaba constituido por la burguesía agraria terrateniente, propusieron un balance histórico optimista al tiempo que fijaban una idea de nación excluyente, militarista, chauvinista, racista, liberal-conservadora y agro-pastoril. Era la época de la “pedagogía de las estatuas” de la que hablaba Ricardo Rojas, una celebración del bronce.

En 2010, aunque desde el Estado se proponga una idea de nación inclusiva –que tuvo su correlato en unos festejos del Bicentenario descentralizados y participativos, en la apelación a una simbología y unas representaciones que excedían con creces los horizontes del populismo más ramplón– no se pone en juego una idea no burguesa de lo nacional, o sea, no se plantea la posibilidad de una nación democrática y popular incompatible con el capitalismo. Además –aunque suene a aguafiestas o a refutación de leyendas– la participación popular estuvo signada por identidades de espectadores y consumidores. En algún sentido, menemismo con otra estética.

De este modo, unas realidades materiales, sociales y políticas que en aspectos sustanciales desmienten el abandono de la matriz neoliberal, conviven con una simbología que, en parte, remite a lo antiimperialista y anticapitalista. Una nueva etapa de la valorización financiera del capital, con todas las fichas puestas en el tipo de cambio, las commodities y el superavit fiscal, convive con una retórica industrialista, productivista y mercado-internista. El Kirchnerismo se ha caracterizado por recuperar la subjetividad de las ausencias pero no por restaurar materialidades, alimentando así un conjunto de fetichismos.

Se nos hace difícil dejar de considerar la posibilidad de que el contenido disruptivo de esa simbología no termine siendo conjurado por el contexto, contradicho por las prácticas e intervenciones que no lo vivifican; que las imágenes de Tupac Amaru, San Martín, Artigas, Bolívar, Emiliano Zapata, Evita, El Che, Allende, etc., devengan superfluas y decorativas. Ese panteón, rescatado desde la conciliación de clases o desde la negativa a perjudicar los intereses de los grupos más concentrados y poderosos del país, con clases populares alejadas de toda responsabilidad de poder político, corre el riesgo de la mistificación, un destino difícil de eludir si tomamos en cuenta que son sectores de la burguesía y la pequeña burguesía los que le atribuyen (a ese panteón, a esa simbología) su propia lengua, su propia moral, su propio horizonte.

Cabe tener presente el caso del PRI mexicano, que supo acompañar sus políticas reaccionarias con iconografías y narrativas radicales, que, hay que decirlo, por sí mismas, nunca son capaces de rebelarse. No hay que olvidar, además, que décadas de neoliberalismo nos legaron un desierto cultural y, como decía Bernardo Bertolucci, en un desierto todo se convierte en espejismo. En fin, creemos que existen condiciones para que esa simbología parcialmente revolucionaria sea tolerada como preciosidad literaria o folklórica.

Notamos una profunda escisión, una negación de las afinidades electivas de esa simbología. Por lo tanto el relato histórico oficial, más allá de lo cercano y apreciado que nos pueda resultar, no da cuenta –como decía Walter Benjamín– de la histórica preparación de la miseria que embarga a las clases subalternas, y por lo tanto no proporciona armas al pueblo para cambiar la situación actual.

La memoria del nacionalismo revolucionario y el socialismo revolucionario sólo puede recuperarse desde una práctica y una perspectiva anticapitalista y desde una narrativa homóloga al mundo, al continente y al país del 2010 y no homóloga a las décadas del 60-70. Lo que significa, entre otras cosas, que el antiimperialismo y la nación, para nosotros, son impensables sin formas de autogobierno, sin el desarrollo de poder popular, en fin, son inconcebibles sin el desarrollo de una democracia que abjure de toda ilusión burguesa, son inviables sin la socialización de las funciones estatales.

No creemos, como han sostenido los más ingenuos, que las representaciones desplegadas en los festejos del Bicentenario puedan ser consideradas como expresión de una “revolución externa” que precede intervenciones radicales en otros campos.

Nos parece innegable que la difusión oficial haya contribuido a masificar un imaginario histórico que presenta elementos imprescindibles de cara a un proyecto popular, radicalmente transformador y que además supo interpelar el idealismo democrático de ciertos sectores de la sociedad argentina. Ahora bien, que esos elementos dejen de ser cotillón, puro pasado o componentes de una ideología que resiste y se integren a una concepción del mundo protohegemónica, sostén de un proyecto popular, depende de nosotros, no del gobierno. Los mejores componentes de ese imaginario podrán ganar nuevos contenidos si se convierten en instrumentos de lucha, si son “vividos” con parámetros diferentes a los oficiales.

Las limitaciones de la propuesta oficial, en parte, está en el nosotros epistemológico anacrónico de la historiografía revisionista (convengamos que orientaciones neorevisionistas pusieron el guión a la celebración del Bicentenario), en su recorte burgués - populista de la nación, en su modo de ver la realidad a través de esquemas binarios desfasados, en su adhesión a los símbolos y rituales no resignificados en función de la nuevas realidades.

El revisionismo, ganado además por el espectáculo y por lo oficial, ha devenido en un instrumento de despolitización, un componente de una ideología no realista ni crítica, y por lo tanto ineficaz para una lucha contrahegemónica. Más allá de sus limitaciones, algunas versiones del revisionismo, en las décadas del 60 y el 70, supieron elaborar relato histórico articulado con la política, es decir: un relato articulable con las praxis de las clases subalternas. Este revisionismo supo de los desplazamientos desde lo historiográfico y lo literario a la lucha política. Su impulso, le venía desde abajo, el pueblo mismo fue construyendo una relación crítica con el pasado. Hoy le viene desde arriba.

El revisionismo resulta insuficiente ideológicamente, a sus razonamientos les faltan nexos fundamentales, la sociedad que alimentaba su mito hace rato que no existe. Por todo esto, por sus estructuras narrativas homólogas al mundo de hace 40 años y por sus clásicas ambigüedades, el revisionismo permite las disociaciones que señalábamos y puede ser asumido y “consumido” como narración sobre el pasado por sectores político - intelectuales moderados y conservadores, por la burocracia sindical, por el sindicalismo empresario, por punteros y especies similares. Dado que en la actualidad, como relato y como simbología, no alimenta identidades y praxis contrahegemónicas, no le molesta a la cúpula empresarial, a la patria subsidiada.

Por otra parte, cuando los derechos humanos, la democracia, el pluralismo étnico - cultural, la cuestión ecológica, de género, etc., se conciben como “narrativas de reemplazo”, escindidas de toda perspectiva anticapitalista, pueden funcionar como los mecanismos más efectivos para la dominación.

En la actualidad, la idea pluralista de lo nacional busca incluir subordinadamente a las clases subalternas a un orden capitalista tibiamente reformado. Expresa un proyecto de poder que busca ampliar la base social de la consolidación hegemónica del período 1976-2001, recurriendo a imaginarios subalternos del período del empate hegemónico (1945-1973) y al reconocimiento de reivindicaciones muy sentidas por el pueblo argentino, sobre todo en materia de derechos humanos. En efecto, ese afán inclusivo expresa el intento de algunas fracciones del capital más concentrado y de algunos sectores de la burocracia estatal (elites políticas) por ampliar las bases de su hegemonía, asimismo da cuenta de los requerimientos exigidos a la recomposición de la dominación por la crisis de 2001. También, hay que reconocerlo, es expresión de la debilidad política de las clases subalternas.

Los compañeros y las compañeras que se conforman con poco podrán decir que es mejor esta idea oficial de la nación que la idea excluyente, la de 1910, la que intentan resucitar infructuosamente la derecha y el liberalismo argentino que, con Macri, han tocado el fondo de la indigencia ideológica y humanista. En la misma línea podrán decir que es mejor un capitalismo reformista que uno salvaje, que es mejor soja y derechos humanos que soja y represión. Y es cierto. Como también es cierto que cuanto más modestas son las aspiraciones, se consiguen menos cosas. Pero lo más discutible es su negativa a salirse de la entropía burguesa, a abandonar el continuo histórico de la modernización excluyente en el que se insertan (con o sin culpas), el ámbito de lucha estrecho y burgués en que deciden moverse, la perspectiva conservadora y convencional que terminan aceptando: ¿expresa realmente el kirchnerismo un proyecto de capitalismo nacional y reformista? ¿Es posible tal camino en las actuales condiciones del capitalismo mundial? ¿Se puede concebir al capitalismo “neodesarollista” como una “etapa” a un orden superior? Lo intolerable, básicamente, es la mediocridad del horizonte: ¿debemos conformarnos con optar entre el modelo de acumulación de la fracción diversificada de la burguesía o la versión de acumulación “clásica”, “rentística” (y de seguro represiva) de la fracción oligárquica? ¿Debemos resignarnos, definitivamente, a carecer de un proyecto propio?

Nosotros confiamos en revertir la situación de indigencia ideológica, política e historiográfica de la izquierda argentina.

Nosotros seguimos apostando a la construcción colectiva de un gran relato del proceso popular, un relato que sólo se irá delineando al calor de las luchas por modificar las relaciones de fuerzas en la sociedad actual.

Un proyecto de nación popular – democrática afectará los intereses de los grupos más concentrados y poderosos de la Argentina y el mundo, exigirá, por lo tanto, la profunda politización de las clases subalternas.

Estamos lejos del punto de vista del intelectual megalómano (oficialista u opositor “de izquierda”; caduco plagiario, repetidor de arcaísmos o buscador de novedades radicales) que cree que lo prioritario es cambiar los paradigmas y las narrativas para cambiar las subjetividades, escindiendo el pensamiento de los procesos de masas.

Nosotros seguimos soñando y militando por una nación y un mundo construidos por nosotros mismos y no impuestos por los poderes ajenos (aunque nos tengan en cuenta, nos den un lugar en el ritual y nos repartan estampitas con las imágenes de algunos de nuestros símbolos más significativos y queridos).



Lanús Oeste, 30 de mayo de 2010

(Año del Bicentenario)

miércoles, 19 de mayo de 2010

Tres años del “fin de la concesión” de RCTV: ¿cuándo dejamos de ser rebeldes?

Cecilio Canelón

En estos días (27 de mayo) cumplimos tres años sin RCTV. Es bueno decirlo así y no en forma proactiva (como dicen los manuales de autoayuda), o sea, no montarnos en una celebración que no tendría sentido: “En estos días cumple años en el aire TVES”. Da para otro artículo ese asunto de la Televisora Social (¿por qué todavía no tenemos un programa seguido y aceptado por los venezolanos, o al menos por los venezolanos convencidos y participantes del proyecto bolivariano? ¿Son pocos tres años?), pero el que nos ocupa hoy va más bien por el lado del recuerdo de las tensiones del año 2007. La inquietud que recorrió las calles, el despertar bullicioso de la escualidez, y la revelación de nuestra tremenda inseguridad como chavistas o gentes que queremos o decimos querer echar adelante una Revolución. Así que esta breve reflexión no tiene que ver con calidad de televisión ni programas nuevos o viejos, sino con una pregunta que requería mente fresca y algo de serenidad, cosa que tenemos ahora: ¿Cuándo dejamos de ser rebeldes? ¿Cómo se puede hacer una Revolución desde la inseguridad y el miedo a los poderosos y (peor) al qué dirán?
Datos para la primera pregunta: la rebeldía es un ingrediente fundamental para echar a rodar cambios revolucionarios. Sin ese elemento no es posible ni siquiera el acto simple de meterse con los poderosos, afectar sus intereses; sin rebeldía no es posible ni siquiera el gesto primario de rebelión que significa faltarle el respeto o alzarle la voz a ese poderoso, o empinarse cuando nos ordena arrodillarnos. Ese requisito quedó más o menos cubierto cuando el Gobierno decidió que la programación de ese canal no salía más por señal abierta, y nosotros como pueblo celebramos y defendimos esa decisión. El “problema” (o más bien nuestro arrugue ante el problema) sobrevino después.
Segunda pregunta: ¿cómo puede una sociedad hacer una revolución si quienes la promueven tienen miedo o vergüenza de molestar al enemigo? La línea discursiva que se impuso desde las alturas oficiales en aquel momento era de un tembloroso que daba tristeza: estaba prohibido decir “El Gobierno cerró o le quitó la señal a RCTV”. Las normas (imagínense, una Revolución respetando normas burguesas) indicaban que era necesario presentarlo todo como un acto legal, pulcro, derechito y sin sobresaltos: no fue que cerramos RCTV, sino que se le acabó la concesión al grupo 1BC y el Gobierno decidió no renovársela. Esto fue estrictamente así, pero en un proceso revolucionario ¿qué tienen los revolucionarios que andar justificando nada ante los poderosos, ante el enemigo que se quiere derribar de su pedestal de privilegios? A unas familias que han expoliado al pueblo pobre durante siglos, una burguesía insolente, ¿hay que explicarles que existen unos papeles que justifican nuestra acción revolucionaria? En una Revolución a los mafiosos, a los burgueses y residuos de la aristocracia hay que decirles “Miren señores, ustedes tienen esta empresa o este privilegio y el Gobierno Revolucionario se lo está quitando, ahora vayan a llorar a donde quieran, esto es una expropiación y aquí se acabó el reinado de los super empresarios”. ¿Ustedes se imaginan a Bolívar explicando ante el mundo las razones legales de la Guerra a Muerte? ¿Qué ley ni qué nada si lo que estamos es en guerra?
El tiempo ha dicho cuán equivocada estuvo aquella estrategia de arrebatar con pena de hacerlo: en aquel 2007 a esa blandenguería y esa inseguridad nuestra se le notaron las costuras, y en diciembre la indefinición se tradujo en derrota electoral (fue el año en que perdimos el referendo para la Reforma). En 2007 los escuálidos retomaron su acción en marchas y discursos encendidos y eso los hizo ver a la ofensiva; y nosotros, que supuestamente somos los que estamos al ataque porque somos revolucionarios, invertimos todo el año en dar explicaciones temblorosas: "No vale, no el Gobierno o cerró un canal, lo que pasa es que se le terminó la concesión y entonces el artículo tal de la Ley de Telecomunicaciones indica que...".
Este año el Gobierno está expropiando y nacionalizando a paso vertiginoso, con una diferencia: ahora no hay “fin de la concesión” ni artimaña con aspecto legal sino puro y simple acto soberano de quitarles a los ricos lo que necesitamos los pobres. Así es que se gobierna y así es que se hace Revolución: no disfrazando nuestros actos audaces sino restregándoselo en la cara al enemigo. Ante la prepotencia del poderoso, altivez del pueblo. Esa es la fórmula para sabernos en rebelión y sentirnos orgullosos por ello.

viernes, 14 de mayo de 2010

Rebeliones de los negros: primeros actos de emancipación independentista

Antonio Barrios - ABN

Una de las primeras explotaciones que sufrieron los africanos de manos de los españoles fue a propósito de la llamada pesca de perlas. Y cada vez que los negros descendían obligados en el agua salobre por el afán de lucro de España, también se alimentaba su espíritu rebelde.

“Los negros sufrieron las tremendas penalidades de la pesca de perlas mientras ésta fue una actividad floreciente. Los más terribles esfuerzos se exigían a los buzos, quienes a veces 'reventaban' y los dueños simplemente los sustituían”, expresa Miguel Acosta Saignes en su libro Vida de los esclavos negros en Venezuela.

Los echaban al mar, una y otra vez, para que se sumergieran en las profundidades a excavar entre la arena y extraer las codiciadas ostras perlíferas. Venían de algún lugar de África, y sus pulmones se agotaban cada vez que eran obligados a descender al fondo marino.

“En 1603 se sublevan los negros en las rancherías de perlas en la Isla de Margarita que desde los comienzos de la conquista se transformó en uno de los centros más importantes de esclavización, en razón de la necesidad de mano de obra para la extracción de perlas”, expresa el historiador Federico Brito Figueroa, en su libro Insurrecciones de los esclavos negros en la sociedad colonial venezolana.

Las rebeliones se repitieron en otras rancherías de perlas, en las minas, en las haciendas cacaoteras, cafetaleras, azucareras, y también se hicieron presentes otros actos insurgentes que rompían con el orden simbólico impuesto por los europeos y por su estructura de jerarquías sociales excluyente y racista.

Brito Figueroa es uno de los primeros en denunciar la intención de algunos historiadores en presentar la lucha de esclavos negros en la sociedad colonial venezolana como esporádicas acciones sin contenido económico y social, y demostrar que la masa de pobladores africanos y sus descendientes aceptó pacíficamente la institución esclavista impuesta por los colonizadores blancos.

El historiador Luis Felipe Pellicer, quien actualmente está a la cabeza del Archivo General de la Nación (AGN), también alza su voz en este sentido: “Hay muchos historiadores que piensan que el pueblo no es conciente de las razones de su insurgencia y de su rebelión, y la consideran como un movimiento telúrico sin razón, sin conciencia, pero hay una conciencia política de por qué se insurge”.

Además, refirió que hay una intención de emancipación siempre que hay una intención de imposición de sistemas opresión que limitan, coartan y suprimen la libertad.

“El proceso de rebeliones, de insurrecciones, insumisiones en contra del sistema opresivo que además era el sistema capitalismo en ciernes, incipiente, que está allí en 1498, y es contra ese sistema que empiezan a insurgir los pueblos indígenas y los pueblos africanos sometidos a condiciones de esclavitud durante el siglo XVI, XVII y durante el siglo XVIII”, expresó.


Cien azotes y mutilación al negro que alce su mano

“Cualquier negro que tomase a brazos y alzare mano para dar a algún cristiano le sean dados cien azotes y le corten la mano derecha”, así rezaba una de las ordenanzas de Nueva Cádiz alrededor del año 1537, que también se contemplaban castigos como mutilaciones de pies, castraciones y hasta la muerte.

Actos como estos soplaban la encendida candela de la rebeldía que terminó de estallar en insurrecciones como la del Negro Miguel, en las minas de oro de Buría, cerca de Nirgua, estado Yaracuy. Este alzamiento se extendió desde 1553 a 1556, que el profesor Ramos Guédez ubica entre las primeras.

La noche en que Miguel iba a ser castigado con rigor se resistió a ser nuevamente humillado, vio una espada a su alcance, se defendió del torturador y huyó al monte. No eran impulsos inconscientes lo que movían a Miguel, las razones tenían un fundamente lógico: “Conseguir la libertad que tan justamente la podían procurar, pues habiéndolos Dios criado libres como las demás gente del mundo (...) los españoles los tenían sujetos y puestos tiránicamente en perpetua y miserable servidumbre”, como expone en una cita Brito Figueroa.

La lucha de Miguel no se agotó con su muerte. A su impulso emancipador se le unió al movimiento de resistencia de los Jiraharas que provocó, tiempo después, que los españoles abandonaran las minas.

“Aunque materialmente vencido, el Negro Miguel, sirvió de inspiración y guía al levantamiento de la etnia Jirahara, que se mantuvo en pie de guerra e irreductible durante casi setenta y cinco años, lo que daría como resultado la república de zambos y mulatos”, expresa José Bracho en el libro Chimbánguele: paradigma del cimarronaje cultural en Venezuela.

Rebeliones, rebeliones y más rebeliones

Sublevación de negros perleros, 1603; incursiones en los hatos, 1726; la sublevación Andrés López Rosario, Andresote, en los Valles de Yaracuy, en 1732; la insurrección de 1749 en la provincia de Caracas, la sublevación de Guillermo Ribas, 1771; Miguel Jerónimo, alias Guacamayo, 1794, cumbes, cimarroneras y más cimarroneras.

El historiador José Marcial Ramos Guédez prosiguió con la enumeración de rebeliones, y cuando llegó a la rebelión de José Leonardo Chirinos, en la zona de la Serranía coreana, estado Falcón, en 1795, tomó aire y se extendió:

“Fue la de mayor importancia en el período de la Colonia, en el que se señala que hubo la participación de más de 200 personas esclavizadas, e incorporaron a algunos indígenas, hombres y mujeres también”.

Ramos Guédez señaló que esta rebelión no sólo levantó la libertad como un elemento de lucha, sino que hubo una propuesta por la soberanía, de establecimiento de un gobierno soberano.

“Este insurrección estuvo vinculada con el movimiento de los Jacobinos Negros, que en esa época estaban en pleno apogeo en Haití, en Martinica y en Guadalupe. Esta lucha tiene que ver con la aspiración y los deseos de poner en práctica los famosos principios de la revolución francesa: libertad, igualdad, fraternidad”.

El movimiento de mulatos, negros esclavos y libres, liderado por Chirinos, tomó la hacienda El Socorro. Proclamaron una República de Igualdad, decretaron la abolición de los privilegios, la liberación de los esclavos, la eliminación de la nobleza blanca y la suspensión de los pagos de tributos. “Hasta que traicionado por un soplón (Chirinos) fue tomado preso y condenado a muerte en la horca”, explica Brito Figueroa.


Las insurgencias y la concreción

“El hecho de incorporar a los mulatos, a los pardos, con representación así no sea directa, sino a través de un blanco, en este caso José Félix Ribas como diputado de los pardos tanto en la Junta Suprema como al Congreso Constituyente de 1811, eso es un cambio radical”, explicó el profesor Luis Pellicer.

Tanto las rebeliones citadas como otras acciones que violaban el orden simbólico de la sociedad colonial como insumisiones y resistencias pasivas, produjeron cambios concretos, que aunque lentos fueron progresivos, como el caso de esta representación que ganan los pardos que para para el historiador refleja un símbolo de la transformación que estaba viviendo esa sociedad.

“Hubiera sido impensable que un pardo pudiera participar, por ejemplo en el Ayuntamiento de la sociedad colonial. Esos cambios son evidentes en algunos documentos encontrados donde los pardos y negros, se atreven a decir cosas que habría sido impensable decir: 'Yo hasta en los talones llevo el patriotismo, una cosa de subversión tremenda”, agregó

Abolida la esclavitud, al menos en el papel, en 1854, entran en actividad los partidos liberales y conservadores, en la década de 1860 a 1870, y los descendientes de africanos se incorporan a los partidos políticos aunque en los sectores dominantes persisten prejuicios coloniales y discriminación.

La antropóloga Iraida Vargas afirmó que el racismo colonial y republicano sancionó negativamente al mestizaje, lo que produjo la exclusión social de la mayoría de la población mestiza, compuesta fundamentalmente por mulatos, mulatas, zambos y zambas, que posteriormente pasó a integrar mayoritariamente los sectores populares urbanos.

Sobre una barca, un español recibía las perlas, los negros tomaban aire y volvían a sumergirse en las profundidades del mar, la rutina se repetía desde el amanecer hasta los últimos rayos de sol, y el 27 de febrero de 1989 volvió a despertar la rebelión.

“El conocido Caracazo, la primera rebelión popular contra el neoliberalismo que haya conocido la humanidad. La condición de minusvalía que existió desde la colonia entre las clases populares venezolanas se vio reforzada y se reprodujo siempre de manera creciente en la misma medida en que se fortaleció la pobreza en la cual han vivido desde entonces tales clases”, concluyó Vargas.

miércoles, 28 de abril de 2010

A 21 años de la siembra de Gonzalo Jaurena

Morella Barreto M.

A mediados de los años ochenta, el movimiento estudiantil venezolano se enfrentaba al aparato represivo del estado con piedras y molotov y recibía a cambio plomo, peinillazos, lacrimógenas, calabozos y muerte. Solía decirme entonces el Negro Villafaña en tono de reproche y con una clara visión de futuro que un día nuestra historia, la que el claramente sabía que estábamos construyendo, la contarían aquellos que nunca habían participado de ella pero como se atreverían a contarla y nosotros no, ellos se pondrían de protagonistas. Hoy 4 de abril he estado esperando algo más que los numerosos mensajes de celular, suerte de recordatorio de la siembra de Gonzalo Jaurena y precisamente porque el algo más no llegó quiero reivindicar la memoria histórica de aquella época. Por desviación profesional y fundamentalmente porque me duele y forma parte de lo que soy, no puedo dejar de recordar hoy al Uruguayo, como lo conocíamos en la UCV. Un chico menudo que llegaba en compañía de otros jóvenes estudiantes de la Universidad Simón Bolívar y se incorporaba de manera valiente, a la vanguardia de las distintas manifestaciones y protestas que para entonces eran el pan nuestro de cada día. Era la época de la lucha por la consecución de las providencias estudiantiles, o por la defensa del medio pasaje estudiantil o en contra de las masacres de Yumare, o de Cantaura; era la época de la solidaridad con el Salvador, Chile o Nicaragua, pero sobre todo era la época de la defensa del derecho a la vida que se escapaba a borbotones a manos de la guardia o la policía por el pecado de protestar. Era también la época en que los medios de comunicación reseñaban las protestas estudiantiles como grupos de infiltrados o delincuentes que generaban caos.
Fue en ese contexto que conocí a Gonzalo Jaurena de la mano del flaco Oscar; tal vez por mi cara de niña seria o por la ubicación privilegiada que en ese entonces tenía en la UCV, siempre me pedían que le guardara cosas, un morral, fotos, libros o cualquier otro objeto que pudiera molestar a la hora de enfrentar a la PM en Puerta Tamanaco o en las Tres Gracias. A pesar de eso no puedo decir que Gonzalo era particularmente mi amigo, ligado como yo a la Desobediencia, formaba parte sin embargo de un grupo que por su particular arrojo fue bautizado por el Negro como los 12 del Patíbulo, al cual pertenecían también algunos chicos de educación media. Teníamos sin embargo el lazo invisible de quienes se reconocen en el picor de las lacrimógenas, en el calor de las molotov, en las carreras entre balas y peinillazos y en las risas o en las lágrimas de los posteriores balances en Tierra de Nadie, en el Clínico o en la morgue según fuera el caso. Juventud pura, rebeldía pura, sueños de un mundo mejor que en el caso de Gonzalo fueron ahogados un 4 de abril de 1989 dentro de una patrulla de la PM a la cual subió a empellones pero caminando con sus propios pies y de la cual bajó muerto. El asesino: un agente de la PM llamado Alexis Ramón Piña Demey, un nombre para no olvidar.
Gonzalo fue detenido cuando se devolvió a ayudar a unas adolescentes del Liceo de la Parroquia Sucre donde se escenificaban los disturbios y que habían quedado atrapadas en la línea de fuego de la policía, este gesto caballeresco que le costó la vida habla por si solo de su condición humana, pero habla también del profundo desprecio por la vida humana que sentían los amos del país y sus serviles lacayos. No puedo encontrar justificación alguna, desde ninguna perspectiva al hecho de que un policía, humilde asalariado, dispare a un joven universitario y mucho menos estando éste esposado.
Así pues quiero recordar hoy a Gonzalo como un alerta para aquellos que creen que el camino ha sido fácil y también por aquellos que hoy reniegan de aquella época y es fundamentalmente un intento de rescate de nuestra memoria colectiva, por aquellos que dieron su vida persiguiendo un sueño. Por que abril no sea el recuerdo de la canción favorita de Gonzalo sino la esperanza y la realidad de construcción de un mundo mejor. Mientras estemos vivos nuestros caídos serán semillas con las que sembraremos el camino de la construcción de una sociedad mas justa.

“No hay nada tan invencible como cuando alguien espera desde la muerte”
A. Roa Bastos.

“Risa desobediente, Gonzalo está presente”

domingo, 17 de enero de 2010

Haití: ¿Qué le damos a la que tanto nos dio?

Lil Rodríguez

Miramos atónitos, adoloridos, asombrados, el inmenso desastre que acaba de sacudir a Haití y evocamos sus tragedias anteriores. Miramos, y tal vez hacemos la mirada a un lado para no darnos cuenta de que todos tenemos una cuota de responsabilidad, mínimo por ingratitud y olvido, con la suma de dolores de la nación colocada por derecho propio como la primera revolución triunfante en el ciclo de los movimientos independentistas latinoamericanos que tanto nombramos por estos días. Es como si la naturaleza, golpeándola, nos golpeara a todos para que recordemos la historia y no demos mas largas al reconocimiento.

¿Qué le damos a la que tanto nos dio? Porque puede ser que ahora entreguemos ropa, insumos, voluntarios solícitos y abnegados, todo en el marco de un desastre telúrico. Pero seguimos sin entregarle el puesto histórico que tiene en la formación y destino de la conciencia nuestroamericana.

¿Qué no era hispanoamericana? Y ¿de dónde entonces eran sus aborígenes y su recuperado nombre arawak? ¿Acaso la diferencia de lengua podía excluirla del tronco común ancestral?

Duele Haití y mucho, y mientras miramos espantosas imágenes evocamos…

Pasar de años

En 1795 José Leonardo Chirino estuvo en Haití (Saint Domingue entonces) y fue allí donde su alma vio con claridad la necesidad de la rebelión armada para lograr la emancipación. Posteriormente desde Curimagua José Leonardo al mando de sus 300 héroes demandó la proclamación de una Republica, la libertad general para lo esclavos, la igualdad racial y la supresión de los tributos. No triunfó. Pagó con su vida, pero dejó las semillas libertarias recogidas en Haití regadas por la Sierra de Coro y más allá. Su gesta había sido casi al unísono con la de la de Toussaint de Louverture.

En 1797, cuando ya en Jamaica, Granada, Guadalupe y otras islas del Caribe estaban en rebelión, fue develada la conspiración libertaria de Gual, España y de Picornell, influenciada determinantemente por las luchas haitianas y por la de José Leonardo Chirino.

En 1806 no por casualidad llegó Francisco de Miranda a Haití, cuando ya esa nación era independiente, había recuperado su nombre (claro reconocimiento a sus ancestros indígenas), y tenía constitución y bandera. Ya los ejércitos de Bonaparte habían sido derrotados por quienes escribieron en su bandera azul y roja “Libertad ó Muerte”. Ya Dessalines había dicho en la proclamación de la República negra el 1ero de enero de 1804 “He vengado a América” (clara evidencia de una amplia visión integradora). Lo que otros le negaron a Miranda, Haití se lo dio en la hoy devastada población de Jacmel comenzando a figurar Alexandre Petión en la historia venezolana. Miranda volvería a solicitar, y a obtener, ayuda haitiana en 1812.

En 1816 estuvo en Haití Antonio José de Sucre, y en Haití se integró Manuel Piar a los hombres de Bolívar quien no por casualidad llegó a la primera republica latinoamericana libre recibiendo la generosa cooperación de ese pueblo por mano de Petión en 1815 y 1816. Y para ese entonces, en 1816, unos 2.000 revolucionarios hispanoamericanos se encontraban en Puerto Príncipe, Los Cayos y Jacmel. Petión pediría a Bolívar que no olvidara la liberación de los esclavos en la causa venezolana. Y Bolívar nunca lo olvidó.

Haití entregó a Bolívar en 1815 unos 2.000 fusiles y en 1816 unos 4.000 fusiles mas, 15.000 libras de pólvora, 15.000 de plomo, una imprenta (ojo), 30 oficiales haitianos, 600 voluntarios, embarcaciones, y dinero. No tuvo Haití reparos en su solidaridad y cooperación con la libertad latinoamericana haciendo del internacionalismo social una bandera. Con el tiempo Bolívar diría “Petión es el autor de nuestra independencia” y calificaría a Haití como la república más democrática del mundo.

Vendrían luego una serie de desencuentros históricos y la mano santandereana se encargaría de excluir a Haití hasta del Congreso de Panamá. Comenzamos a dejar sola a la ya sola república caribeña y a hacernos cómplices por omisión del olvido interesado al que la sometió la historia escrita por los eurocentristas a los que nunca interesó divulgar nada acerca de una revolución auténticamente social llevada adelante por negros esclavos y no por mantuanos. Es que tampoco les interesó nunca dar su puesto a reales primeros precursores como Hatuey, Enriquillo, Louverture y Dessalines. Ello ha sido una desgracia para la conciencia colectiva de América, llamada a deslastrarse de tanto ocultamiento acomodaticio.

Con pasión nos permitimos recomendar la “Historia social comparada de los pueblos de América Latina” del extraordinario investigador argentino Luís Vitale, quien estuvo en un tiempo en Venezuela y de cuya obra en general nos nutrimos y seguimos nutriendo buscando la cabeza de la madeja de nuestra historia. Mucho de su aporte está volcado acá.

En 1816 dijo nuestro Libertador: “Haití ya no permanecerá aislado entre sus hermanos” ¿Hemos honrado esa sentencia bolivariana?

Hoy, cuando se dice que desde hacía 200 años no había un desastre natural como el actual en Haití, la frase nos obliga a desear que en medio de tanto dolor sea éste de una vez y para siempre un bicentenario de restitución histórica para dejar de mirar de lado a la que todo nos lo dio. No olvidemos, por Dios, que la espada de luchas de Bolívar fue la que le entregó Petión, y que con esa espada de Haití libertó 5 naciones.

Un periodista escribe: “Sufrir no es novedad en Haití” y es verdad. Hay sufrimientos del cuerpo y sufrimientos de la historia.